BIOLOGÍA
DE LOS MURCIÉLAGOS
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Todos
los animales necesitan energía para llevar a cabo sus actividades. Entre
éstas se incluyen: alimentación, acicalamiento, desarrollo y cuidado de
las crías, defensa territorial, apareamiento, etc. De todas las
actividades, la más demandante es la obtención de alimentos. Los
murciélagos han desarrollado distintas estrategias que los han llevado a
especializarse en ciertas presas. Esto aumenta la eficacia, ahorrando
energía para las actividades restantes, entre ellas, la reproducción, lo
que incrementa las posibilidades de perpetuarse a la siguiente
generación. Sumado
a lo anterior, los mamíferos mantenemos la temperatura corporal interna
más o menos constante, independientemente de las fluctuaciones del ambiente circundante. Esta
condición, denominada endotermia, requiere de la ingesta diaria de
alimentos ya que la energía que mantiene la temperatura proviene del
procesamiento metabólico de los nutrientes. Para los murciélagos
insectívoros que habitan zonas templadas como el Uruguay, el costo de
mantener la temperatura corporal presenta una dificultad adicional ya que
las fuentes de alimento fluctúan con las estaciones, y el clima, salvo
la primavera y el verano, se torna hostil. Los animales pequeños poseen
una desventaja extra ya que presentan una gran superficie corporal
relativa a su volumen, lo que aumenta la pérdida de calor a través de la
piel. A
pesar de estos inconvenientes, los animales se han establecido
exitosamente en zonas templadas; gracias nuevamente al uso de determinadas
estrategias que se lo permiten. Las soluciones posibles a la falta de
alimento en el invierno son: hibernar, utilizar una fuente alternativa de
alimento que esté disponible, acumular reservas en tiempos de abundancia
o emigrar a un lugar donde haya comida. La solución “elegida” está
relacionada con la estrategia que siga el animal para regular su
temperatura corporal cuando desciende la temperatura ambiente, y esto por
supuesto, depende de cada especie y su historia a lo largo del tiempo
evolutivo. En el caso de que el animal “decida” mantener su
temperatura constante independiente de la temperatura ambiente, deberá
continuar consumiendo alimento; de lo contrario, la temperatura deberá
ser regulada para hacer mínimos los requerimientos energéticos y estará
asociada a las fluctuaciones ambientales y a las actividades del
organismo. La
inversión energética que realiza un murciélago en regular la temperatura
corporal es mínima cuando la temperatura ambiente oscila entre 30 y 36ºC
aproximadamente. Por fuera de los límites de este intervalo, el animal gastará
energía en enfriarse o calentarse. Algunos de los murciélagos que viven en
clima templado, entre ellos ciertos vespertiliónidos, son capaces de reubicar
este intervalo en temperaturas menores al comenzar una estación del año más
fría. Esta capacidad, de bajar la temperatura corporal por debajo de su nivel
de actividad, se denomina letargo. Ya sea que este letargo se mantenga durante
un tiempo prolongado (hibernación) o día a día con períodos de actividad
entre medio, permite que los animales economicen energía durante períodos fríos. Como
se mencionó anteriormente, la reproducción forma parte de las actividades en
que un murciélago invierte su energía. Se deduce que también la reproducción
depende de la energía disponible y por lo tanto también está relacionada al
clima. Tan es así, que los patrones reproductivos mostrados por los murciélagos
de clima tropical difieren de los encontrados en climas templados, incluso
dentro de una misma especie. La regla general dice que los murciélagos insectívoros
de clima templado tienen un solo ciclo reproductivo (apareamiento, fecundación,
implantación, desarrollo del feto, nacimiento y cuidado de la cría) por año
coincidiendo las distintas etapas con la variación de la abundancia de las
presas. Por otro lado, las especies de clima tropical o de clima templado cuya
dieta no depende de las estaciones, como el caso del vampiro común (Desmodus
rotundus), el que tiene
disponibilidad de alimentos constante, no presentan sincronía en los
momentos del ciclo reproductivo y las estaciones y puede reproducirse más de
una vez al año independientemente de la estación. Dado
que el tiempo no es suficiente, no es posible llevar a cabo todas las
actividades reproductivas en los meses más cálidos. En estos meses es cuando
ocurre la mayor abundancia de alimento y serán los más aptos para el
desarrollo embrionario, el parto y la lactancia, actividades energéticamente
demandantes. Por ello, las hembras aprovechan la mayor abundancia de presas para
obtener energía para la crianza. Esto no deja tiempo ni energía para el
apareamiento, por este motivo las especies de latitudes altas separan esta
actividad del resto del ciclo reproductivo. Su estrategia consiste en aparearse
en otoño,
y retrasar el desarrollo embrionario o aún la fecundación hasta la
siguiente primavera. Según la especie, las hembras pueden almacenar el esperma,
u ocurrir la fecundación sin la implantación del embrión o aún permitir la
implantación pero detener el desarrollo embrionario. La mayoría de las especies de murciélagos tienen una cría por camada ya que las madres vuelan con la cría en las primeras etapas de su vida y el peso representa una restricción al vuelo. Sin embargo, algunos vespertiliónidos presentan camadas de dos o tres crías y se han reportado hasta cinco. Esto también depende de la latitud, del momento del año y de la especie en cuestión. |