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Corina Tardaguila


Desde el 3 de junio de 1996 trabaja en la Biblioteca Batlle. Los que la conocen saben que ella es alma de esa institución. Jubilada docente, trabajó en la UTU durante 25 años. Esa actitud es lo que la ha ayudado muchas veces en las tareas de coordinación y en llevar adelante la Biblioteca.
 

Es vecina de la Biblioteca desde siempre. Vive aproximandamente a 8 cuadras de allí. Se toma el ómnibus, con boleto local, -anteriormente iba caminando-, para entrar al trabajo tempranito. Hace poco tiempo atrás, estaba pendiente hasta altas horas de la noche, llegándose a aparecer en la bibioteca a las 23 hs., atenta por si llegaba a ocurrir algún inconveniente acudía para lograr la solución de algún problema.

Siempre estuvo encargada de todas las actividades. Entró con colaboración a dirección y después continuó con  las funciones de las de una subdirectora. Es curioso que las cartas y encomiendas vengan a su nombre como titular responsable de la Biblioteca.

Con letra cursiva, Corina va anotando en un cuaderno las actividades que se producen en la Biblioteca Batlle. Organiza y planifica semana a semana y mes a mes la agenda. La Biblioteca posee además de la sala de lecturas, un salón de actos, el cual es utilizado como espacio de coros, danzas, cantos, y hasta como consultorio de estudiantes de Derecho; todas actividades desarrolladas para los vecinos de la zona.

El sentir la Biblioteca

Si tuvieramos que definir el sentimiento reinante, tendríamos que hablar de dos instituciones: la biblioteca como tal y Corina que es en sí misma toda una institución. Lo mismo que es Corina para la Biblioteca es la Biblioteca para Corina. A la pregunta ¿Qué sentimiento te genera la Biblioteca? Corina responde sin vacilaciones “Y es parte de mi vida actualmente. Si no estuviera la Biblioteca, para mí…(deja salir un suspiro). Yo vengo de mañana, no tengo un horario fijo, porque entro 8.30 y me voy a las 15. Y a las 17 o 18 tengo que venir otra vez, porque de repente hay alguna actividad en la cual me precisan… Las 30 horas se que están cumplidas”, termina diciendo con una sonrisa.

Cuando alguien le dice "Qué será de la Biblioteca cuando ella ya no trabaje allí", responde lo que muchos vecinos de la zona le argumentan "Vamos a ver si sigue igual, si nos controlan como lo hace ahora, si sigue la sala".

Los padres de Corina también nacieron y se criaron en el barrio. Hay hasta una calle que lleva su apellido, justo en la esquina de su casa. La misma relación la entabla con el barrio. Corina es como la madre de no sólo la cuadra sino de toda la zona. Es la referencia transformada, como dijimos antes, en institución: "si precisan algo, vamos a preguntarle a Corina”, nos dice ella misma hablando de sí en tercera persona.

Inolvidable

Entre las experiencias ricas y satisfactorias, Corina nos nombra el vagón en el que funcionó un jardín de infantes. Se emociona cuando nos muestra fotografías de aquella época. Y cambia al instante el tono de voz cuando recuerda con desánimo el momento del cierre del mismo pues no cumplía con los requerimientos necesarios.
Recuerda y la recuerdan todos. Aquellos que han pasado por la sala de lectura, por el jardín, antiguos alumnos que hoy son adolescentes.

Conociéndola descubrimos que mantiene relaciones bidireccionales y no pierde las ganas de luchar por mejorar las cosas.

 


 
 

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