Mario Cabrera ingresó al INA en 1998. Es egresado de Bellas Artes y cree que el cine nacional se potenció en los últimos tiempos. Admira a pintores de la talla de Gurvich y Van Gogh y confiesa que si pudiera vivir de la pintura sería más feliz aún.
Mario Cabrera es integrante del MEC desde el año 1998. Desde sus inicios forma parte del equipo de trabajo del Instituto Nacional del Audiovisual (INA). Hace nueve años trabaja para el programa Ibermedia, el cual tiene por objetivo desarrollar el cine iberoamericano a través del esfuerzo conjunto de los países que lo integran. Además, en el 2007 se unió al área de la RECAM, un plan que desde hace tres años y medio apoya emprendimientos cinematográficos del MERCOSUR.
Su formación en el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes le permitió ingresar al mundo del sector audiovisual, aunque anteriormente sus trabajos estuvieron vinculados al dibujo y la pintura. “Soy egresado de Dibujo Técnico de la Construcción. He trabajado en estudios de arquitectura; también trabajé en diseño de equipamientos. Tuve carpintería propia y si bien no conozco el oficio, tenía un socio que sabía mucho de carpintería. Él trabajaba en esa área, y yo trabajaba en la mía”.
Si bien estudió tres años de abogacía y escribanía y le quedan pendientes tres exámenes para recibirse de psicólogo, su amor por el dibujo lo llevó a obtener el título de Licenciado en Artes en el momento justo: “en la vida tenés que hacer las cosas que realmente te gustan y para eso no hay una edad”.

El cine uruguayo
Mario considera que el sector audiovisual en Uruguay se ha potenciado en los últimos tiempos, a pesar de las limitaciones propias de un país pequeño. Cree que uno de los factores que han incidido positivamente en su desarrollo son los programas que se aplican a través del INA, que consisten en la realización de coproducciones con distintos países. Esto permite generar mayor cantidad de fuentes de trabajo en la industria del cine nacional. Otra de las estrategias apunta hacia el interior del país, “para que el cine no sea una cuestión sólo de la capital”, aseguró.
Según él, es notorio el interés que tiene el público por las producciones nacionales. Una de las causas se debe al éxito y reconocimiento que el cine uruguayo ha tenido en el exterior. Ejemplo de ello es la participación de Uruguay con el filme “El Baño del Papa” en el Festival de Cannes (Francia) en el mes de mayo, donde participó con muy buen suceso. “Luego de su proyección, el reconocimiento a través del aplauso fue durante 5 minutos y con muy buena opinión de la crítica”.
Mario y la pintura
En lo que tiene que ver con pintores uruguayos o gente vinculada al tema “Uruguay históricamente se ha destacado muchísimo, también con reconocimientos muy importantes de gente que ha desarrollado teorías personales, pero que han tenido trascendencia”.
Para él, la calidad de la obra es totalmente independiente del éxito económico. Una obra puede ser de gran calidad, pero no necesariamente tiene que tener un retorno económico importante. En los mercados pequeños, como en el que está inserto Uruguay, es mucho más difícil obtener un rédito económico y, más aún, poder vivir del arte. “A veces, más allá del talento propio que pueda tener el artista, son factores que inciden a la hora de que la obra trascienda o no”.
Mario calculó que realizó cerca de cien creaciones de las cuales la gran mayoría regaló a amigos y conocidos. Con ellas participó en varias exposiciones de tipo colectivo e individual. La primera fue hace treinta años. “Estaba trabajando en un estudio de arquitectura y un amigo me dice, 'che, mirá que la Alianza Francesa está haciendo un concurso de pintura, ¿por qué no te presentás?' qué me voy a presentar, ¡tas loco!, le dije. Me dio tanta manija que me preguntaba '¿no tenés algo hecho?'. Tenía un candombe, Yacomensa, y me presenté. Se presentaron trecientos y pico de trabajos. De esos se seleccionaron ciento treinta y cinco, que eran para llevar a Francia a una exposición itinerante por distintas provincias. De las pinturas que fueron a París seleccionaron cincuenta y ocho. Dentro de esas estaba la mía. ¡Increíble! De éstas, seleccionaron cuatro, entre las que estaba la mia, con las que hicieron los afiches para la exposición. El producto de la venta de la obra era para el autor. Curiosamente, la más vendida era la de un francés y las otras tres se perdieron. Capáz que un día estando en Francia la encuentro”, recordó.

Sus obras reflejan las cosas cotidianas y costumbristas, ya sean objetos o lugares, aunque confesó que le gusta mucho trabajar con figuras humanas, por ejemplo “un carrito tirado por caballos recogiendo basura”.
Dijo que no le gusta hacer “cosas lindas” para que le agraden a los demás, sino que prefiere lo que “de algún modo refleja lo cotidiano y busca realidades que están presentes, que no se deben ocultar”.
Tiene admiración por varios pintores, tanto nacionales como extranjeros. Entre los primeros destaca a Gurvich, Blanes y Torres García. De los internacionales, a Van Gogh y Paul Cézanne.
Se identificó con la corriente del impresionismo y el expresionismo.
Durante el café fue notorio su entusiasmo al hablar de arte, el mismo entusiasmo que le transmitió a dos de sus tres hijos. La mayor, de 31 años, es profesora de Educación Física y se especializa en trabajos con expresión corporal. La menor, de 28, al igual que su padre es egresada de Bellas Artes, además de la Escuela Figari.
Mario finalizó diciendo: “Si pudiera vivir del dibujo y la pintura, sería más que felíz”.
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