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Carlos Borges / Biblioteca Nacional


Carlos Borges, responsable del Departamento de Administración de la Biblioteca Nacional, es uno de los 145 funcionarios que trabajan allí. La considera su “segundo hogar” y afirma que la institución ha perdido lectores con el uso de Internet y los libros en CD.

Carlos trabaja en la Biblioteca Nacional (BIBNA) hace 45 años. Recibió el nombramiento para entrar en la Biblioteca el día de su cumpleaños 20, un 07 de marzo de 1962: “Hoy me provoca gracia porque entramos cuarenta funcionarios, todos nuevitos, recién salidos de la facultad. Te llamaba el Jefe y te temblaban las piernas. Todo el mundo de traje y con corbata y con los zapatos lustrados”, recordó. Trabajó en Atención al Público y en la sección Personal del Departamento de Administración, de la cual es Jefe desde 1988 tras haber ganado el concurso para obtener el cargo.

Su responsabilidad como Jefe abarca las secciones Personal y Depósito Legal; esta se encarga de llevar un registro de todas las publicaciones hechas en Uruguay, ya que la empresa o persona que la produzca tiene la obligación de enviar cuatro copias a la Biblioteca. Dos quedan allí, una es para la biblioteca del Palacio Legislativo y otra para la Universidad de la República.

Admitió que el único ingreso de material de lectura que tiene la BIBNA es a través de esta sección. Sin embargo, “no le han dado la importancia necesaria (...), hay que actualizar el sistema de multas, e inclusive, todo lo que ahora viene en soporte CD prácticamente no llega a la Biblioteca”, afirmó.

Según él, los libros en CD son uno de los motivos por los que se han perdido lectores en los últimos años; principalmente por el acceso a Internet. “La computadora ha sacado mucha gente para leer. Ahora, van directamente a Internet y bajan material. Estudian y no utilizan el libro”.

Carlos notó cómo a lo largo del tiempo cambió el perfil de los lectores que asisten a la sala de lectura. Distinguió al investigador del lector común, destacando que antes la frecuentaban personas de la talla de José Pedro Barrán -profesor e historiador-, Benjamín Nahúm -historiador- y Alfredo Castellano -creador de la nomenclatura de las calles de Montevideo -.

La institución cuenta con aproximadamente un millar de publicaciones y dos sótanos destinados exclusivamente al archivo de diarios, entre los que se destaca la primera edición de La Estrella del Sur (1807) -primer periódico que tuvo el país, fundado por los ingleses-, así como El Universal “en donde hay avisos de venta de esclavos, por ejemplo: ' Vendo negra sana con un hijo. Concurra a la casa de Don García' ”.

Dinstinguió "un antes y un después" de de la dictadura (1973 - 1985). Durante el proceso militar “el trabajo era tenso” porque temían que entre los nuevos funcionarios hubiese “infiltrados”. Con la llegada de la democracia “ese temor se fue perdiendo” hasta generarse un buen clima de trabajo.

"La dictadura hizo grandes destrozos en la Biblioteca. En esa época se prohibió leer el semanario Marcha, el diario Justicia (más tarde llamado El Popular) y todas las publicaciones de oposición al régimen. También, se prohibió prestar las ediciones de los diarios en donde se publicó la tragedia de Pocitos, cuando dos helicópteros del ejército chocaron entre sí, porque se las consideraba una ofensa al Ejército Nacional”.

Día a día en BIBNA

La principal biblioteca del país cuenta con un total de 145 funcionarios, muchos de los cuales provienen de otras dependencias, como el Archivo General de la Nación, la Dirección General de Registros, el Museo Histórico Nacional, el Registro del Estado Civil y la Dirección General de Secretaría del MEC.
Carlos Borges cuenta con el apoyo del Director, Tomás de Mattos, para realizar la selección del personal. “Yo los llamo, los entrevisto, saco las conclusiones de sus perfiles para ver si están de acuerdo a lo que necesitamos, les pido una fotocopia del legajo para ver como son y después sugiero contratarlos o no. Sino lo dejo a criterio del director". Asegura tener una autonomía “prácticamente total: "el Director me dice: 'Hágalo usted y después me lo trae'. Trato de no defraudarlo y de no traicionar su confianza”.

Confesó estar muy a gusto con su trabajo, tanto que no se iría. “Tengo muy buena relación con mis compañeros”. Según él, esto es necesario “porque trabajás seis horas en una oficina y a veces estás más tiempo con ellos que con tu propia familia. Entonces, si trabajás con personas con las que no estás a gusto, viviendo en un sistema de tirantez, llegás a tu casa y tenés que tomar un Plidex para dormir”. Para que esto no pase, cree que el ambiente debe ser “distendido”, más allá de los cargos que cada uno tenga.

Se consideró un funcionario responsable, por lo cual no le gusta faltar: “las faltas que tengo son por razones médicas, dos operaciones y otra en la que tuve que estar tres días en cama esperando los resultados para confirmar si tenía o no hepatitis”.

“Hasta el día de hoy estoy al firme en la Biblioteca, la que considero mi segundo hogar porque es como si fuera mi casa. Peleo por ella porque es una buena institución, con cosas positivas y valores”, finalizó.


 
 

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