Javier de Viana

Nació en Canelones el 5 de agosto de 1868 y murió en La Paz (departamento de Canelones) el 5 de octubre de 1926. Su vida fue difícil y azarosa. Cursó estudios en Montevideo, en el Elbio Fernández, y luego ingresó en la Facultad de Medicina, pero abandonó dicha carrera. Participó en la Revolución del Quebracho (en 1886) de la cual ha dejado unas Crónicas reunidas en volumen y prologadas por Juan E. Pivel Devoto (1944). Hizo periodismo en La Verdad, de la ciudad de Treinta y Tres. Vuelto a Montevideo, continúa con sus tareas de periodista y publica Campo (1896), colección de relatos. Arrienda la estancia “Los Molles” y se dedica, aunque sin éxito, a las tareas agropecuarias. En 1899 aparece su discutible novela Gaucha, y en 1901 Gurí. Toma parte de los acontecimientos de 1904, cae prisionero, pero logra huir y pasa a Buenos Aires, donde se gana la vida escribiendo. Sufre grandes penalidades y su salud se va resintiendo. De sus recuerdos de la guerra de 1904 hace un volumen: Con divisa blanca. Colabora en Caras y Caretas y en Mundo Argentino, Atlántida, El Hogar. Mientras tanto, en Montevideo irán apareciendo sus relatos, reunidos en tres volúmenes: Macachines (1910), Leña seca (1911) y Yuyos (1912). Regresa al Uruguay en 1918 y colabora en varias publicaciones, especialmente El País. En 1922 es elegido diputado suplente por el departamento de San José, y pasa a ocupar su banca en 1923. Vive en una casita del pueblo La Paz, rodeado de una pobreza espartana. Su salud ya se ha deteriorado definitivamente, y la muerte no tardará en llegar.

 

El conjunto de su obra ha sido juzgado de muy diversa manera, aunque existe unánime consenso en afirmar que fue un gran narrador, más estrictamente: un gran cuentista. En efecto: su novela Gaucha presenta muchos puntos débiles y está lejos de ser producción lograda. Ha dicho el crítico Emir Rodríguez MonegalViana, como buen cuentista, es un maestro de la situación, de la anécdota, pero no sabe dar un proceso. Y lo que la novela requiere es eso precisamente (...) Intenta sustituir la verdadera acción con el incoherente movimiento”.

 

De modo tal que es en sus relatos breves donde se debe buscar lo mejor de su aporte a nuestras letras, en donde asimila plenamente sus ideas y su formación literaria naturalista (alguna vez reconoció a Zola, explícitamente, como su maestro) con su visión directa, dolida, sin intermediarios, de nuestro campo y sus habitantes. Visión dolida de nuestro campo: porque ha presentado de inmejorable manera la decadencia del gaucho, su inadecuación a las nuevas condiciones de vida, en un período de difícil transición en que el Uruguay tradicional había tocado a su fin, sin que las nuevas estructuras hubiesen aún cuajado.

 

Otras obras de Javier de Viana: Cardos (1919), Abrojos (1919), Sobre el recado (1919), Bichitos de luz (1920), La biblia gaucha (1925).

 

 

Tomado de: 100 autores del Uruguay
Paganini, Alberto - Paternain, Alejandro - Saad, Gabriel
Editado por: Capítulo oriental.

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