BRASILEÑISMOS EN TACURUSES

José María Obaldía

Alguien muy atendible por su lúcida y cálida admiración hacia la obra de Serafín J. García, nos planteó sus dudas sobre un par de voces incluidas en sendos poemas de Tacuruses, cuyo sentido era comprensible y sentible gracias al contexto, pero desconocidos en forma y esencia, hasta su encuentro en ellos. Pudimos aclararle que se trataba de brasileñismos, a los que don Serafín dominó al punto de llegar a hacer con ellos auténtica poesía, por ser los mismos de presencia cotidiana en el habla de su pago. Se nos ocurrió entonces que aquellas dudas podrían no ser las únicas que Tacuruses generara y que sería de válido interés, hacer un relevamiento de la copiosa presencia de brasileñismos en toda su riqueza poética.

Esta obra fue, sin discusión, la primera y mayor de don Serafín, cuya larga y fecunda labor abunda en títulos, importantes todos, en prosa y verso, a los que se agregan también sus valiosas incursiones en el campo del ensayo y la antología. Su primera edición nació entre los fines de 1935 y los inicios de 1936, por lo que sentimos de interés realizar este trabajo al cumplirse los sesenta años de la misma y por coincidir plenamente con quienes entienden que Tacuruses es la mayor obra poética gauchesca escrita en nuestro suelo, tomando como cartabón de plena validez la irrepetida respuesta que alcanzó en nuestro pueblo. Su publicación no pudo cumplirse en el momento pensado pero, felizmente, ahora resulta realizable la misma en el Boletín de la Academia Nacional de Letras, lo que enriquece el merecido homenaje al poeta de Treinta y Tres ya que él ocupó en ella como Académico, el sillón "Dámaso Antonio Larrañaga", hasta su lamentado fallecimiento.

 

abarbar

        Encontramos en los alejandrinos de "Esperencia";

"...Te almirás porque li hago poco caso al destino
y no mi ando lomiando por ninguna disgracia;
porque a cada rodada me levanto riyendo
y en lugar de quejarme suelto alguna chuscada.

Carculás que de bruto doy el pecho a la vida;
que nací con más ñudos que una caña tacuara
y si a cara ‘e fandango me abarbaro a las penas,
es por falta de yeito pa’ poder gambetiarlas..."

Hemos transcripto ocho versos porque su contexto nos ubica ante la plena evidencia del carácter de brasileñismo de la voz abarbaro, que aparece en el séptimo de ellos. Consultamos el Diccionario de la Lengua Portuguesa que firma el augusto Aurelio Buarque de Holanda Ferreira, al que en adelante llamaremos cordial y respetuosamente, simplemente Aurelio, y allí encontramos para el verbo del cual es esta una voz conjugada, una acepción 3 que establece: "Encontrar cara a cara; arrostrar, enfrentar". Quien canta aquí no elude los pesares, sino que los enfrenta con decisión firme y lúcida.

 

acarunchado

En su quinta edición, Tacuruses, agrega al final un grupo de "Nuevos Poemas" formado por cinco temas. El último de ellos es "Tapera" y entre los versos desoladores que describen el rancho solo y sin vida, encontramos:

"...Por tu tirante acarunchao, cacunda,
por tus cáidas tijeras,
por tus terrones que se te amojosan
bordaos de telas y de arañas secas..."

Acarunchao es el brasileñismo que acá interesa. Se aplica a la madera atacada por insectos hasta llegar a quebrarse espontáneamente, mostrando su interior convertido en masa amarillenta de polvo, que se disgrega fácilmente. También se acarunchan los porotos, el maíz u otros granos atacados por gorgojos o insectos similares.

Nos dice Aurelio: "Carunchoso: 1. Carcomido. 2. Lleno de caruncho" voz que, nos dice, es "la designación común de los insectos, coleópteros que perforan sobre todo madera y cereales..." Debemos decir que el Diccionario de la Real Academia Española, al que llamaremos DRAE, incluye caroncho que significa carcoma, insecto y agrega caronchoso aplicable a la "madera carcomida o podrida" pero entendemos como claro que se trata en este caso, de un brasileñismo, implantado y sostenido en una zona de habla fronteriza y no de lo que sería un arcaísmo de supervivencia casi inexplicable.

aripuca

            Hallamos en medio del poema "Franquesa":

"...Si ansina es el rancho; cómo será el dueño!
Dejau de la mano de Dios! Castrau de alma!
Retirate china. Buscá otra aripuca,
la mía no sirve pa’ casar calandrias..."

Aurelio incluye, con mínima y nada extraña variante fonética "Arapuca: sust. fem. Bras. 1.trampa para atrapar pájaros pequeños, formada por palitos cada vez más cortos, dispuestos en forma piramidal; urupuca." Más adelante agrega una acepción 3 que establece: "Casa vieja agujereada, que amenaza ruina".

La primera acepción aureliana es la misma que la voz posee en el área treintaitresina –que en adelante llamaremos el área– donde constituye, con tal sentido, voz corriente de uso marcadamente infantil. Y hemos incluido la tercera acepción porque es coherente con la extensión que se la ha dado a aripuca en aquel lugar. Finalmente, puede presumirse con algún fundamento que es voz indígena, como lo ha afirmado Guarnieri, entre otros. Pero, seguramente, al área llegó vía frontera con Brasil, tierra en la cual tiene una presencia secular que valida la calificación de Aurelio.

barboleta

          La penúltima estrofa del poema "Cuerpiada", dice:

"...Campiá otro más sonso. Yo no m’encalacro
el briyo ‘e tus ojos no ahuyenta mi sueño.
O crés por si acaso que soy
barbuleta
pa’ dir a quemarme las alas en eyos?"

Aurelio nos ofrece: "Borboleta. s.f. Bras. Designación común de los insectos lepidópteros diurnos de antenas claviformes". Puede confundir lo de diurnos ya que con tal condición no podrían quemarse las alas en luces encendidas por las noches pero, más adelante, Aurelio nos agrega: "Sinónimo (Brasileñismo) panapaná" para remitirnos a mariposa, voz para la cual propone: "Designación común de los insectos lepidópteros nocturnos o crepusculares de antenas filiformes o claviformes". Exactamente la barbuleta de don Serafín en Tacuruses.

cabortera

"Hembra" es un poema de título y contenido que genera profundas respuestas, en el cual encontramos:

"...Baquianasa la china! Ni campiando a candiles
s’ encuentra otra que sirva pa’empardarte siquiera!
Yo asonsao por tus tretas, no patié la celada;
m’enredé en tus mentiras de mujer cabortera..."

mientras que en "Sorpresas" hallamos:

"...Y en cuanto el disprecio filoso y perverso
de una cabortera trozó su ilusión,
careció de riendas y de nazarenas
pa’ domar la pena que lo basurió..."

y finalmente en "Esperencia" aparece:

"...No sabés qu’es la suerte cabortera chiruza
que cuanti más l’halagan más fácil güelve el anca..."

Claramente, en los dos primeros casos la cabortera es una mujer y en el tercero lo son la suerte, el destino, personificados. En las tres muestras responderíamos a una de las acepciones que propone Aurelio para cabortero, la cual establece: "adj. Bras. Quien o aquel que es bellaco, mañoso, embustero, que vive de embrollos". Igualmente válida y de aplicación cotidiana en el área, es la acepción que Aurelio señala con el Nº 2 y que expresa: "Dícese del caballo arisco, bellaqueador, lleno de mañas".

cacunda

        En el poema "Venganza" nos dice don Serafín:

"...Carculaste dejuro que’ este viejo tembleque,
cegatón y cacunda, despulpao por los años,
basuriau po el corcovo de l’achura yorona
no tendría ni juersas pa’salir de su rancho?..."

El propio autor nos dice la acepción que él maneja de la voz cacunda: "Encorvado o con joroba incipiente". Es la acepción de mayor presencia en el área y con puntos que encontramos también en Aurelio quien nos dice: "Cacunda: 1o. Bras. dorso, espalda" para agregar en una acepción Nº 2: "Corcunda" voz para la cual propone, a su vez: "Protuberancia deforme en la espalda o el pecho; joroba, hematoma, giba...". Todo ello conforma la condición innegable de brasileñismo para cacunda.

chiruza

        "Chapetonada" comienza con los versos siguientes:

"Pucha gurí cristo! Porque una chiruza
te ha ladiau el anca,
ya crés que la vida no vale un comino
sin esa julana.
Y pasás en claro las noches enteras,
pita que te pita, pensando bobadas..."

Es voz aplicada a la mujer extendida ampliamente fuera de la zona fronteriza, hasta alcanzar el lunfardo rioplatense, con reiterada presencia en la literatura, en letras de tango y en otras canciones populares. De acepción muchas veces despectiva, llega a utilizársela como insulto, reúne sin embargo connotaciones diversas, como en esta cita de Tacuruses, pudiendo llegar incluso a lo admirativo. En Aurelio encontramos: "Chiru: bras. s.m.l. Indio o caboclo. Adj. 2. Acaboclado (fem. chirua)". Y en Vocabulario Sul Riograndense: "Chirua: adj. mujer del indio o chiru; china, india, cabocla; la que es de color moreno sin ser de raza indígena..."

descangayada

La dura, desgarrante poesía que contiene "Piona", nos dice en sus versos finales:

"...Y así vas, de hombre en hombre,
de cocina en cocina envejeciendo,
hasta que inútil ya,
descangayada,
sin servir p’al fregón ni pa’ los besos,
terminás cuasi siempre tu esistencia,
cebando mate’n un quilombo ‘el pueblo!".

De frecuente presencia en el habla de toda la cuenca platense y en el lunfardo de ambas márgenes, esta voz aparece incluso en el DRAE, que sobre ella nos dice: "descangallar o descangayar. (Del gall. y port. escangallar) tr. Descoyuntar, descomponer, desmadejar. Ú.t.c.prnl." Entendemos, sin embargo, que debe considerársele un brasileñismo por integrar, con valor adjetivo, el habla viva del área fronteriza treintaitresina, apareciendo como más lógica la consolidación de su asentamiento a través del trasiego cotidiano de voces de ambas hablas, que integra la vida en el lugar. Aurelio lo presenta como adjetivo, con las acepciones de "desarreglado, descoyuntado, arruinado", de las cuales, especialmente la última se identifica con la más usual y aceptada en el Plata.

cumba

Es una de aquellas palabras que nos obligan a pensar en ese mágico acierto que se atribuye a los pueblos para acuñar voces, con logros como el de esta, cuya rica y honda fonética ya nos alerta sobre un riquísimo contenido. En el habla del área constituye el máximo superlativo de virtudes, de lo que son claro ejemplo las tres voces que encontramos en Tacuruses.

        De "Ardiles", extraemos:

"...los otros ya tienen espadas grandotas
hechas con los gajos de la palma cáida;
unos lasos cumbas de trensa d’envira
y hasta boliadoras de güeso, lindasas..."

El poema "Cuerpiada", comienza:

"Sos cumba chiruza; Tata Dios p’hacerte,
tuvo la cachasa de parar rodeo
al lote de cosas más lindas del mundo
y a la tropa ‘e luces qu’empilchan el cielo..."

En "Vengansa", el viejo criollo quebrado por la muerte de su hija, al evocarla dice en dolido reproche al causante de aquella:

"...y era linda su boca, siempre yenita ‘e risa
y su mano era cumba pa’ cebarme el amargo..."

Finalmente, el testigo de una muerte dice en "Reclarando", al juez:

"Lo demás ya lo sabe: un salto ‘e tigre,
el rejucilo de un facón certero,
una mojada sola pero
cumba
y un preso más y un albitrario menos!"

Vemos así que, respectivamente, el juguete de un niño, la belleza toda de una mujer, la habilidad para cebar el mate de otra y hasta una cruenta puñalada mortal, cuando llegan a admirarnos, a conmovernos, a asombrarnos profundamente, alcanzan a merecer la calificación superlativa de este brasileñismo, al cual nos enfrenta Aurelio a través de valentón, cuya acepción 1 nos dice que significa: "arrojado, decidido, destemido, el que grita su verdad sin temores...", condiciones todas generadoras de admiraciones vivas y hondas. Tanto como para hacer que en un rincón de la frontera de nuestros países, esta voz haya cobrado un enriquecimiento acepcional que le da una muy singular relevancia, tal como para que alguien de indiscutido saber en estas cosas del habla popular, nos dijera un día: "Ustedes los treintaitreses tienen una palabra hermosa: cumba!". Hermosura, pensamos nosotros, amasada por orientales con una voz brasileña, en un fraterno quehacer de pueblos.

Queremos agregar que estos ejemplos, espigados en la obra máxima de don Serafín J. García, muestran con elocuencia y razón irrebatibles, al hombre oriental y al brasileño, compartiendo la tierra y el habla de Uruguay y Brasil, en una muestra viva de unión natural y arraigada.