REFLEXIONES ENTORNO A LA POESÍA

 

UNA CONVERSACION CON SELVA CASAL:

COMO UNA ARAÑA TRÁGICA Y BELLÍSIMA

 

                       

Por Silvia Guerra

Investigadora Asociada de la ANL

 

-Selva, me gustaría que me contaras cómo fue para ti el relacionamiento primero con la poesía a través de tu casa, con tu padre y tus hermanos desde el punto de vista de la escritura -de pertenecer a una familia de poetas-, la gente que venía a tu casa, los que trabajaron con tu padre en la revista Alfar, ¿cómo era todo eso para ti, de niña?

 

-Fue algo increíble. Allí sucedía lo insólito, lo que se escapa de la realidad y estábamos todos sumergidos en un clima como de ensueño. Mi padre tenía la educación y el don de la poesía. Mi madre el don de la fe. Y en esos términos se desarrollaba una vida muy especial, muy amparada, no obstante, la pobreza que nos circundaba. Porque después de la dictadura de Terra mi padre perdió el trabajo que tenía en el Museo Blanes -era secretario- trabajaba con Pesce Castro, el pintor, que un día le hizo un cuadro hermoso. Y yo iba muchas veces al Museo con mi padre, me encantaba porque había puentecitos sobre el arroyo Miguelete al que atravesábamos.

 

La poesía era el abecé, lo que todos los días bebíamos, mirábamos, respirábamos.

Tan natural como el pez en el agua. Y siempre la felicidad tiene una raíz en la desazón -pese a ese clima maravilloso, yo sentía cierta desazón-. Pienso que sería una desazón existencial sin explicación porque existen tantas formas de ser y de escribir como seres vivientes, y pienso que el mundo está hecho de tal manera para que nadie se entienda con nadie. Y entonces eso nos sumerge en un estado de incertidumbre, nos sumerge en una enorme negatividad, queremos salir de eso y nos hundimos en el espíritu como un pez en el agua, siempre, sin saber si hay orillas en ese mar o si es un mar inventado por nosotros mismos.

 

Mi padre hablaba en poesía, para él era una religión. Pero esos primeros recuerdos -son vivencias más bien- casi intocables, vivencias muy profundas que no se ven cuando el poema está escrito, porque son tan profundas que no tienen rostro, no tienen cuerpo, sólo un alma difusa. Y decimos que la poesía nace así, si es que la poesía nace porque más bien irrumpe como el viento que no se sabe de dónde viene, ni por qué, ni adónde va.

 

Esta casa que estaba -y que está- ubicada en Bartolito Mitre 2621 y Baltazar Vargas, tiene un chapa recordatoria en homenaje a mi padre. Una casa muy amplia, que tenía un patio con parrales, más bien desértica porque había muy pocos muebles, pero había espacio, espacio vital.

 

Mis hermanos: María Inés, Julio, Rafael, Josefina que murió en España a los 6 años.

Yo ayudaba mucho a mi padre, en los últimos años lo ayudaba a corregir las pruebas de la revista Alfar -que había empezado a salir en el año 1923- y se llamaba América  Galicia y después se empezó a llamar Alfar.

 

Algunos poetas que iban por la casa eran más íntimos, como los hermanos Casaravilla Lemos, eran dos personajes muy especiales a los que queríamos mucho. Enrique, por ejemplo, vivía en Las Piedras, venía a casa a ver a mi padre, y tenía la manía -en una época- de comer flores porque decía que todo estaba contaminado salvo las rosas. Insistíamos en que comiera algo, y algo comía.

El hermano, Julio, era un ser enjuto, muy alto, muy sarcástico, que criticaba -quizá con razón- muchas escrituras. Con él aprendí que el hecho de escribir bien no es garantía de buena poesía. Hay muchos que escriben muy bien, pero la poesía no está.

 

-¿Y dónde está la poesía?

 

-Está en algo incomunicable. Pero está, se siente. Es advenediza en momentos.

Y muchas veces es amada, pero hay un amor no correspondido, no responde.

¿No te parece?

 

-Sí, me parece.

 

-¿También iban pintores a la casa, Barradas, por ejemplo?

 

-A Barradas no lo conocí, porque murió en 1929, mis hermanos lo conocieron. A Barradas lo impuso mi padre, porque no gustaba al principio. Muchos decían esto en realidad son barrabasadas. Mi padre tenía una intuición muy grande para captar valores.

 

-¿Sabés algo de la relación de tu padre con Gabriela Mistral?

 

-Tuvo una relación, sí, mi padre la admiraba mucho.

Mi padre hablaba de poesía con toda naturalidad. Fluía sola. Él de pronto se ponía a decir un poema. Estábamos aclimatados.

 

-¿De él o de otros?

 

-De él o de otros, sí, casi siempre de él.

 

-¿Dirías que esa fue entonces tu primera relación con la poesía naturalmente o después sentiste como otro golpe de la poesía en tu vida?

 

-Déjame pensar. Yo soñaba muchas cosas raras, en realidad estaba escribiendo, produciendo. Pero tenía un pudor y no quería decir. Me daba cierta vergüenza, iban a decir que estaba loca, bueno, siempre estuve un poco. Decía “soñé tal cosa” no era un sueño, yo lo había hecho, lo había inventado. Entonces mi padre se dio cuenta de la maniobra y me dijo “¿por qué no escribís tus sueños?” y yo, que era adolescente, empecé a escribir, en realidad lo que hice siempre fue escribir.

 

-¿Y con la pintura como fue? ¿Cuándo empezaste a pintar?

 

-Yo pintaba mentalmente. Veía cosas y las dibujaba mentalmente.

 

-¿Para ti es un esfuerzo escribir?

 

-No, es una necesidad.

 

-Y qué me dirías de la metáfora, a veces desbocada en tu poesía.

 

-Bueno, nace sola. Intraducible. Así. Viene del asombro, de lo inconcebible.

Está también lo familiar, lo íntimo, ese río familiar que corre, que se siente sobreviviente de todo eso:

 

“Y lo peor es que sobrevivimos,

sobrevivimos siempre.

Al amor, a la ruina,

 a la incesante sorpresa de la muerte.

Avanzo entre despojos

y sé que lo terrible es que volvemos a ser felices”.

 

El poema es así, una especie de testigo, de cómplice de lo que uno ha sentido, pero no somos dueños de lo que escribimos. Lo que escribimos es en sí mismo, un ser aparte.

Escribimos para ser hasta lo desconocido.

 

-¿Cómo escribís?

 

-Es una cosa la poesía, que invade al individuo. Es como un torrente.

Siento una música interior que me va diciendo las palabras, una música que sale también de los silencios. Sin silencios no hay música, sin silencios no hay poesía tampoco. Es en el silencio que se produce la gestación como un acto casi secreto, como es en sí la gestación, un acto oculto.

 

-¿Así que el secreto tiene para ti una especie de relación íntima con el carácter poético?

 

-El secreto me ha preocupado siempre mucho. Me parece fundamental vivir desde el secreto. Del único secreto yo decía especialmente sobre este tema:

 

“está bien que se destruyan las estrellas,

está bien que el polvo sea el último secreto,

pero ven por entre los extraños,

porque a veces aún antes de morir, se ama.

Será 1971 estarás con una mano alzada oscureciéndome,

inútil ocultar los rincones azules de la casa,

de las inmensas manos de los muertos

el teléfono cae.”

 

Eso, lo sentí como un secreto. Vivimos como lanzados de muchos secretos, secretos del amor, secretos de la amistad, secretos, cada día.

 

-¿Qué libros son lo que volvés a leer o considerás imprescindibles?

 

-Muchos. Siempre la poesía prima. Viví en contacto con los amigos poetas, y los leía.

 

-¿Qué influencias sentís?

 

-Todos sufrimos alguna influencia. Es inevitable. Pero la creación se mueve de manera independiente, de manera constante, imperceptible; y no consta en ninguno de los anales de la literatura.

 

-Selva, ¿qué libros te cambiaron la vida, qué libros fueron fundamentales para ti?

 

-De los libros de mi padre me interesaron más Árbol y Cuaderno de Otoño. Además me interesan los libros de metafísica y religión. Y la literatura por supuesto.

 

-¿Fuera de tu padre reconocés influencias?

 

-Eso no lo sé. En todo caso influencias que escapan de mi memoria.

 

-¿Qué poetas te han gustado mucho?

 

-César Vallejo, toda la poesía de vanguardia española, los poetas americanos e ingleses.

 

-Cómo fueron tus amistades poéticas, digo esto, pensando en Marosa, porque fueron muy amigas.

 

-Sí, fuimos muy amigas.

 

-Una poeta potente ¿cómo fue para ti esa amistad?

 

-Fue una relación muy linda. Ella me escribía siempre cuando estaba en Salto, quería venir a Montevideo. Y yo la ayudé un poco, para venir. Hablando en la Facultad, con unos amigos. Al final vino, a trabajar a una biblioteca. No le gustaba nada, pero vino.

Y nos veíamos en el Sorocabana. Y caminábamos juntas. Casi no hablábamos, muy poco, pero nos entendíamos mucho.

 

-¿Y la poesía de Marosa?

 

-Me gusta, muy personal. Una fuerza vegetal.

 

-¿Qué otros amigos poetas uruguayos has tenido?

 

-Gozález Penelas era muy amigo mío. Era un ser muy especial. Tenía en Solymar una casita y a veces lo veíamos allí. Él venía a casa también.

 

-¿Qué música escuchás?

 

-Escucho música clásica y me gusta mucho el tango.

 

-¿Y cómo es eso con el tango?

 

-Mi hermano Rafael, a quién yo quería mucho, le gustaba y cantaba, tenía una voz preciosa, entonces para mí el tango tiene la presencia de él.

La gente que me rodeó fue gente de valor y buena. Después, se rodó la vida a la intemperie, y esas vivencias positivas son un cimiento, entonces se puede estar en el límite de la locura pero no enloquecer. En un límite de lo trágico, pero no enloquecer.

Yo creo que el poeta está en sus poemas. Su biografía es importante pero no es el poema en sí. Porque el poema se da, porque no es solo expresión sino creación, es un misterio.

 

-¿Para ti cómo fue la familia, los hijos, con respecto al quehacer poético?

 

-Eso lo tendría que decir Rosalía (su hija, presente en esta conversación).

 

Rosalía.

-Creo que fue muy similar a lo que ella vivió con su padre. Nosotros amamos la poesía desde muy niños.

Me recuerdo muy chica recitando poemas de Rubén Darío, “A Margarita”, enormemente largo, musicalizábamos poemas de Juan Ramón Jiménez, nos leían libros de cuentos pero sobre todo nos leían poesía. La poesía estaba ahí en cada publicación. Y además continuamente venían poetas a casa, González Penelas, Manuel de Castro, una argentina Flor Yapira. En casa se hacían unas largas tertulias que sin querer devenían en poesía. A veces de preguntas existenciales. Por ejemplo Mamá le dijo un día a González Penelas “adónde van los pájaros cuando mueren” y entonces el poeta quedó conmovido y le pedía a mi madre que repitiera una y otra vez la pregunta que llevaba al misterio y a la poesía que era lo mismo.

 

-Los problemas de género, no los sentiste Selva.


-No.

 

-¿Y el feminismo, cómo lo has vivido?

 

-Es importante. Es importante expresar situaciones porque normalmente el consenso general ha sido que la mujer se ha desenvuelto muy bien en el panorama universal. Juana de Ibarbourou decía “si yo fuera hombre que hartazgo de luz me habría de dar” y ¿por qué no se lo puede dar si es mujer?

Ya en el derecho romano está la incapacidad de las mujeres, de los dementes…

Salir de eso le ha costado siglos a la humanidad.

 

-En el caso que hayamos salido…

 

-En el caso que hayamos salido.

 

-Tu relación con el Derecho, ¿cómo fue?

 

-Bueno, el Derecho es un instrumento que busca el equilibrio social. Y mi relación con el derecho me dio muchos elementos de juicio e invadió un poco mi inconciente sobre todo en el aspecto de derecho penal y la defensa de los presos. El conocimiento a través de las vivencias de la gente que delinque. Y no es de casualidad que hasta Cristo tenía a su lado un ladrón bueno y un ladrón malo. Está esa afirmación “Acuérdate de mí, cuando estés en el paraíso” le dijo el ladrón bueno, y él le contestó “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. El alma humana es muy compleja. Pero son los que han infligido situaciones o leyes a veces, los que pueden volver sobre sí mismos y tener un caudal positivo lleno de amor que dar. Mirado desde dentro, es distinto.

¿Te acordás Rosalía aquel delincuente que me visitaba?  Ellos eran chicos (sus hijos) y se apareció de noche todo empapado, una noche de lluvia, y me dijo: quería hablar con usted porque me pasó una cosa horrible. Estaba robando una casa y se apareció la policía y disparé en un carro lechero. Indudablemente dejé mis impresiones digitales en un revólver que tenía” y yo le dije, “entréguese, no puede quedar así”, y me dijo, “imposible, no puedo volver a someterme a malos tratos. Téngame el revólver un momento.” Se lo agarré, al instante me di cuenta que mis impresiones digitales también quedaron en el revólver y se lo dije, entonces me dijo, “no se preocupe, lo tiro al mar” y se fue. Después habitualmente venía, en la noche, golpeaba y yo decía ¿quién es? y él decía soy el ladrón.

 

A mí el derecho me sirvió, me gustaba el derecho y me sirvió como elemento, como condimento, digamos. Lo usé, es que uno usa todo. Vas por la calle y ves una enredadera y el poeta se apodera de ella. Porque las cosas que se miran toman vida.

 

-¿Lo político que gravitación tuvo o tiene?

 

-La poesía ha sido mi militancia. Mi manera de estar en el mundo porque la indiferencia es corrosiva. No podía mantenerme ajena en las cosas que en el país hemos vivido, algunos poemas míos que recuerdo tocan esa temática que es como tocar el drama del hombre.

 

“Hoy se me caen los ojos fusilados

con tres gendarmes enfrente de mi puerta…

adentro de mi patria

el amor es un golpe

La juventud una llaga

Yo te escribo esta carta

Y se desploma el mundo

Ya no sé si hemos muerto

Con que labios con que luz nos rozamos

Si hay tiempo en nuestras horas

Somos 1972 un vértigo

Ayer cuando te amaba

vi un hombre en la penumbra descarnada

Dientes fósiles lunas

Suicidas que lloraban

Deja que el cielo caiga

Que a las 3 que a las 4

Que este país se incendie de horribles pesadillas

Que corran hombres grises por las calles

Nos habían enseñado la dulzura

Nos habían enseñado a concurrir al hombre

Mas a veces tiene razón la muerte

Este día distinto

Esta tarde de fiebre

Quise ver esa gente

Ese mar esa llaga

Por la espalda, con los brazos en alto

Asesinados

Yo me afilio a este mundo

A las bocas que crecen

A los muertos que andan

Ah no sabes

Ya no mueren callados

ya salen a la calle

Ya arremeten

Necesitan de la mujer y el hombre

Necesitan del  vientre

En las flores de mi pared no había esto

Esto digo muerte

Hombres atravesados de metralla

Gente y furia

Porque yo venia de un país sin muerte

 

-¿Pensás que la poesía tiene cabida, tiene lugar en esta época?

 

-Sí, es un sitio la poesía, y un tiempo. Basta que a una sola persona, a un niño, le guste para que ya, sea. Aunque la mayoría se niegue, la mayoría no le dé importancia. Porque tiene que ver la resonancia de alma a alma. Si no, cuánto quedará perdido, aparentemente perdido en el aire, cuánto quedará muerto. El poeta tiene la función de revivir fantasmas:

 

“nosotros somos fantasmas que tocamos la noche,

nosotros somos fantasmas;

alguien está herido

llama.

Tiemblo como un pájaro apretado en un puño

Como un niño

Es de noche y golpean

Están asesinando un hombre”

 

Muchos piensan que los temas mayores son los que dan importancia o valor a la obra pero yo pienso que no está en los temas mayores o menores sino que las cosas tienen un valor intrínseco. Se puede hablar de cosas trascendentes pero eso no da autoridad al poema.

 

-¿Se puede llegar a la poesía desde cualquier lado?

  

-Sí. Porque lo trascendente es una visión subjetiva del individuo y lo cotidiano puede iluminarse también con la fuerza del espíritu.

 

-¿Y tú, en qué lugar pondrías el lenguaje?

 

-Si no existieran las palabras existiría la poesía. No sé en qué cuerda, no lo imagino. Pero no por eso desaparecería. La poesía está detrás de las palabras. Las palabras son los medios, el escalón que nos lleva a otra cosa. El lenguaje es una relación de palabra a palabra. En el vacío existente entre las palabras está la poesía. Me valgo de las palabras y después tiro las palabras. La sustancia de mi poesía está en aquello que coloreó mi infancia cuando era fácil ascender por las paredes y quedarse allí inmóvil como una araña trágica y bellísima.

 

-¿La musicalidad se ha mantenido en ti a lo largo de tu escritura o ha cambiado?

 

-No, se ha mantenido. Yo siento una música interior que se ha mantenido. A veces luego constato, que los versos son endecasílabos, se escriben solos. Una música interior que sin querer uno lo siente como lo oyó, como viene.

El ritmo es fundamental. Porque estamos viviendo al unísono del universo. No podemos mantenernos fuera. Hay un ritmo en los astros, hay un ritmo en los vegetales, en la tierra, en los animales. Ese ritmo no podemos olvidarlo porque nos invade y está presente cuando el poema está, digamos, haciéndose y uno no sabe qué le pasa, pero está, se impone, es determinante.

 

Relacionado con esto me viene a la memoria la teoría de un médico psiquiatra amigo, el Dr. Garbarino, que decía que el alma puede viajar y entrar en contacto con el absoluto. Cuando vuelve de ese contacto, se traduce en un acto de creación, en cualquiera de sus formas. Siempre que tenga un yo bien constituido. De no ser así puede enloquecer. Esa sería la aventura del espíritu.

Y creo que eso tiene mucho andamiento en el ambiente en que actuaba este médico y la expresión… escribir es expresarse.

 

-¿Dónde estaría la piedra de toque entre expresarse y crear?

 

-Expresarse no es crear. Cuando un árbol brota se está expresando y crear es dar con lo inédito.

Estaría en esto que hablábamos recién en poder transformar esa vivencia de lo absoluto en armonía, belleza o dolor, el dolor, la sangre también son bellos.

 

-El Uruguay ¿te ha sido propicio, hostil, duro, amable? ¿Cómo ha sido para ti el medio?

 

-Hay de todo. Pero la verdad es que nunca me importó mucho. Lo que me interesa es el acto de escribir.

 

-Y publicar ¿cómo ha sido publicar?

 

-Después que están los poemas ordenados, armónicamente compaginados la publicación es un resultado, una consecuencia. Lo importante es sentir la necesidad de escribir. Una manera de ser auténtico con uno mismo. Y si tiene alguna resonancia más bien me sorprende.

 

-¿Un conjunto de textos te sirve como precedente para lo que sigue?

 

-Hay una filiación. Siempre algún poema se filtra en el libro siguiente. No sé por qué.

Como una continuidad. Diferenciaciones y a la vez acercamiento. Será porque me gusta ir hacia lo recóndito o casi perdido y que venga la luz.

 

-¿Cómo has sentido la recepción de tu obra?

 

-Un proceso natural. El libro se va haciendo solo. En el momento que está es una manera de poder abrazar lo desconocido.

 

-¿Y qué necesitás para escribir?

 

-En realidad es una cosa que se me impone. No es que busque cosas que faciliten el escribir. Escribo porque no puedo dejar de hacerlo. Después veo lo que escribí, y algunos quedan, otros desaparecen. Habitualmente me sucede que me entero de lo que escribo con independencia de mi misma.

              

-¿Necesitás algo físico, algo especial, una tabla, una mesa, un florero cerca?

 

-Mirá, escribo de la manera más insólita. Generalmente a las tres de la mañana me levanto y escribo donde sea, en la cocina, en el living. Es una cosa que la siento como algo que no se puede evitar. Y no quiero evitar tampoco.

 

-¿Has tenido épocas en que has escrito más que en otras?

 

-No. Escribí siempre sin interrupciones.

 

-Ponés fechas, números en tus poemas.

 

-Sí, porque eso es una especie de asidero para el recuerdo, para la vivencia.

 

“Fuera de nuestra piel en 1971

Cae una  hoja un pájaro.

Hay lugares del mundo que alucinan

Espacios que la sangre define

Saber lo que acontece por los diarios y no morir

Ser como un caos

Extraña entre las cosas

Vivo desde tus uñas desde el ojo calcáreo

De los abuelos de mis abuelos

Compañero

Olvida tus papeles taciturnos

De sapiencia tan honda

Mientras duermes, mientras piensas o sueñas

Puede explotar la tierra

La tierra en que viajamos

Con su cielo infinito

Con sus bosques

Mira desnudo el hombre

Sus vértebras

Su silencioso cordón umbilical

Está lleno de cosmos de ventanas de lluvia

Es un señor cualquiera

Que muere en sus zapatos

Adiestra su costumbre de vivir

Se acumula de furia

Mañana puedo caer de pronto

Y morirme en tu rostro

Sin que jamás lo señas

Puede caer de pronto

Con una bomba H

Con un grito de hombre mutilado

Mi vida todo absurdo

Todo paredes fechas

Siento no sé qué de esperanza

No sé qué de tristeza

La vida toda cayendo en ascensores

Naufragios

Sociedades anónimas

Consumados señores del precepto

Dentro de las banderas se mueren los crepúsculos

Nos bastan cuatro líneas para secuestrar la vigilia

Ya no hay tregua

Los cadáveres desafían el mundo.

 

En ese poema hay una fecha fija, determinada. Y yo tomo esa fecha como hilo conductor y después todo se va desarrollando.

 

-¿Cómo definirías la poesía?

 

-Creo que es una transgresión. Porque rompe los cánones, ingresa en un mundo inédito, desconocido. De ahí que la poesía cueste en el común de la gente aceptarla. Si la literatura es importante, la poesía no lo es.

No lo es porque es más profunda.

 

-Así que la poesía pierde la categoría de importancia.

 

-Sí. Eso es una categoría, relativa, impregnada de criterio de muchas personas que la limita.

Es una cavilación inesperada, insólita.

 

-¿Eso tiene un cierto carácter sagrado?

 

-Sí, toca todo, se parece un poco a la religión porque implica una vehemencia, una fe.

Hay un punto de inicio de fe. En eso sería parecido a una religión. Un ardor interior.

 

-¿Qué idea tenés del paraíso?

 

-El paraíso está a la sombra de las espadas. Hay que ganárselo.

 

-¿La poesía puede salvar?

 

-A mí me ha salvado. De muchas cosas. Es como quien está en el fondo del mar y se va a ahogar pero toca una piedra luminosa, y vuelve a respirar. Algo así.

 

 

Selva Casal nació en Montevideo.

 

Desde 1959 ha publicado, de manera constante, los siguientes libros de poesía: Arpa, (1959); Días sobre la tierra (1960); Poemas de las cuatro de la tarde (1962); Poemas 65 (1965); Han asesinado al viento (1974); No vivimos en vano (1974); Nadie ninguna soy (1983); Los misiles apuntan a mi corazón (1990); El infierno es una casa azul (1991); Perdidos manuscritos en la noche (1993); Vivir es peligroso (2001); El grito (2005) y Ningún día es jueves (2007) .

 

En 1986 publicó un ensayo lírico documentando gran parte de la labor y la vida de su padre, el poeta y editor Julio J. Casal, en: Mi padre Julio J. Casal.

 

Ha sido traducida al inglés y publicada en la Poetry Review de la University of Tampa, Florida, U.S.A.

 

Obtuvo por sus obras en 1959 (Arpa), 1986 (Nadie ninguna soy), 1991 (El infierno es una casa azul), 1993 (El infierno es una casa azul, y otros poemas, antología), 2001 (Vivir es Peligroso), el Primer Premio del Ministerio de Cultura, y el Premio Municipal de Poesía en los años 1962 (Poemas de las cuatro de la tarde), 1986 (Nadie ninguna soy), los dos concursos más importantes que se realizan en el país.

En 1982 obtuvo la Mención Honorífica del Premio Angaro Sevilla, España.

En 1983 fue el Primer Premio de la Fundación Argentina para la Poesía con su libro Nadie ninguna soy.

En 1988 obtuvo una Mención Honorífica Internacional en el Concurso de Poesía Plural México con la obra Hombre mutilado (inédito).

Premio Morosoli de Poesía otorgado por la Fundación Lolita Rubial, 2010.

Figura en varias antologías nacionales y extranjeras.

Es Doctora en Leyes y Ciencias Sociales.