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Nacido en Montevideo el 15
de octubre de 1872, realizó su formación filosófica en momentos en que la influencia
positivista llegaba a su fin. Es particularmente destacable el ascendiente de Stuart Mill sobre Vaz. “Discípulo o
continuador de Stuart Mill”,
establece M. A. Claps, con la necesaria salvedad de
que William James y Henri Bergson han contribuido también en el desenvolvimiento de la conciencia
filosófica del maestro. Demorará en recibirse de abogado: 1903. Pero
desde 1897 era catedrático de Filosofía de la Universidad, cargo
al que accediera por concurso. En 1913 fue designado Maestro de Conferencias
de la misma casa de estudios. Ocupó también el cargo de Rector en tres
períodos, y fue Director de la
Facultad de Humanidades y Ciencias desde su fundación hasta
1949, y luego decano de la misma.
La piedra de toque de su obra
filosófica se halla en la Lógica
viva (1910), donde sistematiza (si cabe así expresarse de esta obra, y del
propio Vaz Ferreira) los modos de caer en el error:
la falsa oposición, la confusión de las ideas con los hechos, la confusión de
las palabras con el pensamiento, la falsa precisión, la falsa
sistematización, la confusión de los problemas explitivos con los normativos.
Más que una filosofía enseñó
a filosofar; no fue tanto un maestro de soluciones, como un maestro de
problemas correctamente planteados, y de rigurosa actitud crítica frente a las doctrinas. Racionalista, sabe que la razón no es todo. Conmovido
por el problema religioso, sabe que los dogmas son “las cenizas del sentimiento religioso”. Filósofo asistemático, lo es “no por falta de síntesis, sino
por sobra de crítica y análisis”. Por
la importancia de su obra debe ser colocado, dentro del panorama de la
filosofía en lengua española, junto con Ortega y Gasset,
Unamuno y Antonio Machado.
Su influencia llegó a ser muy
grande. (De la Lógica viva se dijo que era el Discurso del Método americano). Pero
tal influencia ha tenido su lado inhibitorio, especialmente por su
advertencia casi obsesiva de los peligros del sofisma. “Era como un padre de personalidad muy poderosa que inhibe el desarrollo de sus hijos”, escribe M. A. Claps, sin que esto
implique reproche sino aguda caracterización de Vaz.
Pero, al mismo tiempo, supo ser maestro en el más noble estilo “no entregándoles a sus discípulos la verdad perfecta, sino
enseñándoles el modo de buscarla”. Su posteridad estuvo (y en cierto
modo está) signada por el silencio, la indiferencia y aun el rechazo. Dice Claps: “Nuestras
Facultades de especialistas (...) no lo han comprendido. Han visto en él a un enemigo, a un representante de la cultura
humanista, de la integración del hombre”. Tal vez en esto radique su mejor lección: su negativa a
parcializar la experiencia humana, donde vida y razón deben equilibrarse (“sed de existir, y
necesidad de meditar la existencia”,
afirma Lockhart), tanto como deben integrarse
pensamiento y acción; y su defensa de los valores intrínsecos y autónomos de
la cultura.
Principales obras: Moral para intelectuales (1908); Lecciones
sobre pedagogía (1918); Sobre la propiedad de la tierra (1918);
Sobre los problemas sociales (1922); Sobre el feminismo (1933); Fermentario (1938); La actual crisis del mundo
(1940), etc.
Carlos Vaz
Ferreira falleció en Montevideo en 1958.
Tomado de: 100 autores del Uruguay
Paganini, Alberto -
Paternain, Alejandro - Saad, Gabriel
Editado por: Capítulo oriental.
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