Florencio Sánchez

Nacido en Montevideo, el 17 de enero de 1875, este autor se yergue en la historia de nuestras letras como el gran renovador del teatro rioplatense de principios de siglo. Pero antes de cumplir esa renovadora tarea, recorrió un ajetreado itinerario periodístico por redacciones del Uruguay y la Argentina. Fue cronista en La Voz del Pueblo, de Minas (1891) El Siglo y La Razón de Montevideo (1894), El Nacional (1897).

 

En 1900, se vincula al ambiente intelectual bonaerense y hace crítica teatral en El País de Carlos Pellegrini. Tras varios viajes entre Montevideo y Buenos Aires, el 13 de agosto de 1903, la compañía de Jerónimo Podestá estrena, en el teatro de la Comedia de la capital argentina, M'hijo el dotor. Ese es su primer gran éxito. El 25 de setiembre de ese mismo año, se casa con Catalina Raventos. En títulos sucesivos -Cédulas de San Juan, La pobre gente, La gringa (1904), Barranca abajo, Mano Santa, En Familia, Los muertos (1905)- Sánchez va desarrollando su transformación del teatro rioplatense. “La originalidad del teatro de Sánchez, con respecto a la anterior producción teatral en el Río de la Plata, consiste, fundamentalmente, en su realismo”, anota Zum Felde. En éste influyó en gran medida la capacidad personal del autor para reproducir, en escena, dichos y situaciones de la vida real. Pero, además, gravitó en toda su obra la particular evolución de su postura ideológica. De orígenes familiares blancos, Sánchez luchó en 1897 junto a las fuerzas revolucionarias de Aparicio Saravia. De allí surgirá su desencanto de las posturas políticas tradicionales y su alineamiento junto a las corrientes anarquistas que circulaban entonces, por el Plata, en torno a los grupos de inmigrantes europeos. Literariamente, esa transformación se expresa en las Cartas de un flojo y El caudillaje criminal en América Latina, discutible -y discutido- ensayo sobre la realidad política de nuestros países a comienzos de siglo. Internacionalista, pues, Sánchez rechazará tajantemente la idea de un teatro nacional y sólo aceptará la de un teatro regional argentino.

 

En 1907, inició en Montevideo las gestiones para realizar un viaje a Europa del que se esperaba la consagración definitiva de su teatro. Parte en 1909, con una misión oficial. Pronto se declara la tuberculosis y el 7 de noviembre, a las tres de la madrugada, muere en el hospital Fate Bene Fratelli de Milán.

 

Vistas con la perspectiva de los años, las obras de Florencio Sánchez que conservan mayor actualidad son aquellas en las que la marca de lo regional es más visible (Barranca abajo, La gringa, M'hijo el dotor). Las de aspiración universal y ambiente ciudadano son, por el contrario, las que han perimido con mayor rapidez.

 

 

Tomado de: 100 autores del Uruguay
Paganini, Alberto - Paternain, Alejandro - Saad, Gabriel
Editado por: Capítulo oriental.

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