Ernesto Herrera

Hijo natural, su nombre tiene abolengo ilustre en el Uruguay. Fue sobrino de Julio Herrera y Obes y primo de Julio Herrera y Reissig. Padeció una infancia y adolescencia de absoluto desamparo físico y moral. La enfermedad y la miseria habría de ser el sino de toda su vida. Como tantos intelectuales de comienzo de siglo adhirió al anarquismo, un anarquismo más sentimental que ideológico o doctrinario, anota Juan Carlos Legido. Frecuenta el famoso café Polo Bamba, lee apasionadamente a Gorki, y ensaya una dramaturgia en que deberían fusionarse caracteres y conflictos netamente criollos con la problemática social y política de la hora. 

 

De alguna manera buscar realizar un “teatro de ideas” (y en este aspecto fracasa casi siempre), pero tiene éxito cuando deja jugar un sentido innato de lo escénico. En 1910, año de la muerte de Florencio Sánchez, estrena su primera obra: El estanque. Seguirán Mala laya, El caballo del comisario, La moral de Misia Paca, estrenada en el Teatro Solís en 1911, y en donde intenta una crítica a la burguesía y a su concepción del amor y del interés; y en ese mismo año El león ciego, que sube a escena en el Teatro Cibils. Es ésta la mejor obra de Herrera, y una de las mejores de nuestro teatro. La acción aparece centrada en el viejo caudillo Gumersindo, sobreviviente de las guerras civiles, vencido ya por los años pero también por los políticos profesionales, que lo utilizan o lo desechan como a simple instrumento de sus ambiciones o conveniencias. La última obra de Ernesto Herrera es El pan nuestro (1913), concebida durante un viaje a España que realizara el autor.

 

Muchas veces ha sido comparado Herrera con Florencio Sánchez. La fama de este último lo eclipsó casi siempre. Es evidente que Sánchez aventaja a Herrera en pluralidad de temas, en oficio teatral, en madurez artística. La carrera de Sánchez parece lograda, y la de Herrera, simplemente malograda. 

 

Pero El león ciego no desmerece en nada a lo mejor de Sánchez y tal vez lo supere. La excelente versión de El Galpón (1962) confirmó que es obra de viabilidad escénica, de gran aliento, de sombrío y despojado dramatismo. Incluso, hay en Herrera una veta de trágico. Zum Felde emparienta la figura de Gumersindo con la de Edipo o la del rey Lear. No creemos que haya hipérbole en este parangón. Mientras tanto, Herrera está esperando un estudio definitivo. Según testimonio de Carlos Real de Azúa (Antología del ensayo contemporáneo, p. 614) Ángel Rama ha realizado -y mantiene inédito- tal estudio.

 

 

 Tomado de: 100 autores del Uruguay
Paganini, Alberto - Paternain, Alejandro - Saad, Gabriel
Editado por: Capítulo oriental.

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