Delmira  Agustini

Nació en Montevideo, el 24 de octubre de 1886. Fue hija de un hogar de clase media y sus padres le dispensaron lo que en aquellos tiempos era la educación más apropiada para las jóvenes de su rango: clases de francés, de música y de pintura, a cargo de maestros particulares. El resto de su aprendizaje lo realizará en el seno del hogar.

 

Destaca la escritora Clara Silva el carácter autoritario y absorbente de la madre de la poetisa. Los testimonios que cita la misma autora coinciden en señalar la docilidad de Delmira, aun la permanencia de un espíritu decididamente infantil, ya muy avanzada la adolescencia o en plena juventud. Consérvanse en el I.N.I.A.L. cartas, esquelas o misivas escritas por la poetisa a su novio Enrique Job Reyes en un curioso lenguaje, remedo del habla infantil.

 

Paralelamente a este enquistamiento de la personalidad -tal vez fruto de la presión del medio ambiente, que no toleraba ni por asomo alguna forma de emancipación de la mujer, pero también del autoritarismo hogareño mal entendido-, Delmira desarrolla casi en secreto su verdadera personalidad de poetisa, en versos de un erotismo encendido, triunfal y agónico a un tiempo. (Versos que su padre le pasará en limpio, sin entenderlos).

 

En cuanto a su personalidad de mujer, no es difícil aventurar que permaneció inhibida y torturada, y que su matrimonio con Reyes fue una frustración más. Job Reyes, de profesión comerciante, era un caballero honorable, pero no un hombre que pudiese entender a Delmira (quien “quería hacer del marido un amante”, según se lee en otra pieza documental) ni, mucho menos, comprender su genio poético. El matrimonio duró apenas dos meses y terminó en tragedia, asesinada Delmira por su marido (tal vez acuciado por más que fundados celos) y suicidándose acto seguido el infortunado Enrique Job Reyes.

 

Tragedia de la segunda década de nuestro siglo, en un Montevideo provincial, sin horizontes, aherrojado de prejuicios e hipocresías. Aconteció en la tarde del 6 de julio de 1914, en una sórdida alcoba de Andes y Canelones.

 

Merecedora de otro destino, esta mujer de flamígera pureza, se realizó en su obra literaria, que abarca tres libros: El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910) y Los cálices vacíos (1913). La edición póstuma de sus Obras completas consta de dos tomos: El rosario de Eros y Los astros del abismo (1924).

 

Su poesía es a menudo imperfecta -por lo menos desde el punto de vista técnico-; no siempre logra desasirse de los clisés impuestos por el modernismo, en cuya atmósfera respira casi toda la producción de Delmira Agustini, pero cuando el soterrado sentimiento que alentaba en el alma de la poetisa puede expresarse sin trabas sus palabras alcanzan la dimensión de la poesía más auténtica. Así en los poemas Explosión, Íntima, Lo inefable, VisiónOtra estirpePlegaria, que bastan para asegurarle un lugar de primer plano en el panorama de la Generación del 900.

 

 

Tomado de: 100 autores del Uruguay
Paganini, Alberto - Paternain, Alejandro - Saad, Gabriel
Editado por: Capítulo oriental

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