Eduardo
Acevedo Díaz
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El primero y tal vez el más grande
de nuestros novelistas nació en la villa de Cursó estudios de abogacía pero los
interrumpió en 1870 para tomar parte de Como novelista, su producción más
acabada es Soledad (1894), breve, concentrada, verdadero poema en
prosa. Pero la tetralogía en que intentó (y logró) dar una imagen de los
tiempos heroicos del Uruguay es obra de enorme aliento y subidísimo valor,
pese a mucha ocasional endeblez, pese a mucha
hojarasca adventicia. Así, en Ismael (1888), primer componente de la
tetralogía, sus tesis político -histórico- sociales aunque válidas y
correctamente expuestas, se introducen en el curso de la acción y aminoran la
intensidad del proceso narrativo, evocador de los acontecimientos de
1811. En Nativa (1890), Acevedo ya aparece libre de tales adherencias, y
su mirada, límpida, desembarazada de obstáculos, se pasea por el Uruguay de
1823 para contemplar a Leonardo Alvarez de Olivera
y su infructuosa partida contra el dominio brasileño. Hay trozos de
antología, v. gr., el “reyunamiento” del portugués Pontecorvo, y la escena en que Ladislao
Luna y su mujer huyen a lo
profundo del monte. La acción continúa en Grito de Gloria (1893), algo excedida en sus desarrollos y con
evidentes altibajos, pero, también, con
indelebles caracterizaciones de personajes: el indio Cuaró,
y Jacinta Lunarejo, arquetipo de hembra criolla, bravía y tierna, en cuyos
brazos morirá durante la batalla de Sarandí Luis
María Berón, alter ego de Acevedo
Díaz. El ciclo se cierra con Lanza y
sable (1914), donde el autor termina de perfilar a dos personajes
predilectos: el ya citado Cuaró, y Frutos Rivera
quien, al decir del crítico Emir Rodríguez Monegal,
es el mejor personaje de Acevedo Díaz. Curiosa afinidad ésta, entre el
gran caudillo colorado y Acevedo Díaz, caudillo blanco. El novelista Acevedo
Díaz supo sacar partido de esa personalidad contradictoria, ambigua,
rebosante de nobleza y picardía a un tiempo, que fue el vencedor de Guayabos,
Rincón y Cagancha. Rivera es héroe de novela
romántica, pero un héroe matizado de humorismo, un héroe humano, cálidamente
próximo al lector. Otras obras de Acevedo Diaz: Brenda (1884), Minés (1907). Como cuentista ha dejado El combate de la tapera, obra de
insuperable animación y dramatismo. Tomado de: 100 autores del Uruguay |