La “Casa de Julio Herrera y Reissig”
y la “Torre de los Panoramas”
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No
se ha encontrado documentación que especificara la antigüedad del edificio
estimándose, por sus características arquitectónicas, que se trataría de una
construcción de la segunda mitad del siglo XIX. |
PRINCIPALES
CARACTERÍSTICAS
DE
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Las
citas que siguen ilustran acerca de las principales características de las
construcciones montevideanas del período inicial de nuestra vida republicana, muchas
de cuyas características perdurarán a lo largo de todo el siglo XIX y parte del
XX:
“En
1834, el cirujano de la expedición W. H. Webster
(expedición científica inglesa que arriba al Río de
Aquí
también el comerciante que está interesado en los negocios marítimos tiene su mirador, algo parecido a una torre de observación, donde con
su largavista observa el distante horizonte hacia el este, ansioso por la seguridad o
el esperado arribo de algún velero. Estos miradores
colocados en los techos le dan un aspecto peculiar a la ciudad. (...)»” (citado por Aníbal
Barrios Pintos en su libro “
Respecto
a la presencia de las claraboyas que cierran los patios, pueden haber sido incorporadas
después de la construcción del edificio, ya que el uso de las mismas se da a
partir de los años 70 del siglo XIX.
Estas
torres o miradores inicialmente caracterizan la arquitectura civil del período
luso-brasileño (1817-1829), y serán tema reiterado de la arquitectura
montevideana durante todo el siglo XIX y primer cuarto del XX.
El
Prof. Giuria en el Tomo I de su libro “
“Algunas
de las casas que hemos citado anteriormente (las de Ximénez
y Gómez) poseen un elemento que contribuye, no sólo a
caracterizarlas, sino también a hacer más movida e interesante la silueta de la
ciudad: es la torre que generalmente no es otra cosa que la prolongación
de la caja de la escalera y que se ha dado en llamar "mirador”.
Como las únicas casas que nos quedan de la época hispánica, que son las
del general Lavalleja y del arquitecto Tomás
Toribio, carecen de ella, ignoramos si ya estaban en uso durante aquel
período. Por lo demás, es un elemento típicamente peninsular, Cádiz,
ciudad de azoteas como Montevideo, ostenta todavía numerosos miradores.
Estas
torres suelen ser un simple prisma de base cuadrada, con techo plano y
provisto de aberturas en sus cuatro caras: una puerta y tres ventanas permiten
gozar del panorama que se despliega alrededor del mismo”.
Refiriéndose
al mismo período luso-brasileño,
En
el período comprendido entre 1830 y 1850, azoteas y miradores se consolidan
como imagen urbana de la ciudad, como lo demuestran numerosos grabados de la
época.
Según
Giuria, entre 1852 y 1870 “persiste el uso del
mirador, siendo pocas las casas de cierta importancia construidas en
esta época, que carezcan de dicha torre, que daba un aspecto pintoresco
no solo a los edificios, sino aún mismo a la ciudad”. (Tomo II del
libro ya citado).
El
edificio tal como ha llegado hasta nuestros días, presenta evidentes
modificaciones, tanto en la fachada como en su interior.
En
la fachada aparecen elementos decorativos (de carácter geométrico) propios de
corrientes arquitectónicas que se dieron en nuestro país en el primer tercio
del siglo XX.
Una
importante modificación del patio de la planta baja supuso el agregado de dos
baños.
El
zócalo de cinco azulejos “Pas de Calais” existente en
patio y circulaciones de la planta alta seguramente fue incorporado
posteriormente.
Elementos
significativos que se mantienen y que se reconocen de valor:
a)
Fachada.
o
Estructura formal y compositiva
general.
o
Escala y proporciones del conjunto.
o
Ritmo y dimensiones de vanos (adintelados).
o
Aberturas y postigones
de madera.
o
Balcón continuo, hacia la calle, en
planta alta.
o
Baranda de hierro que protege dicho
balcón y azotea.
b)
Interior.
o
Patios con claraboya.
o
Mirador sobre la azotea o terraza,
desde la que se contempla la costa del río.
o
Entrepisos y cubierta horizontal:
sistema constructivo de tirantes, alfajías y ladrillos, llamado “a la porteña”.
o
“Pas de Calais”
como revestimiento en zócalo de patios y circulaciones (no original).
o
Fogón de cocina.
c)
Relación con el entorno.
La
escala del conjunto y su relación con los edificios inmediatos, el predio
esquina, las características topográficas del terreno (se trata de un punto
alto) y la apertura visual hacia y desde la rambla sur, así como su ubicación
en las cercanías de lo que fue el “Portón de San Juan”, entrada sur de la
ciudad colonial, cualifican el entorno en el cual se inserta, siendo su imagen
un referente ineludible de este sector de
RELEVANCIA
HISTÓRICO CULTURAL
Más
allá de los méritos arquitectónicos enumerados, la declaración del bien como Monumento
Histórico Nacional valora la significación cultural del edificio.
El
poeta Julio Herrera y Reissig (1875-1910) que residió
en esta casa desde
El
Prof. Pivel Devoto dice que dicha casa “tiene
un profundo valor evocativo como que está unida a la irrupción y el esplendor
del modernismo literario en el Uruguay. En ella vivió, efectivamente, Julio
Herrera y Reissig y allí funcionó, también, su
célebre “Torre de los Panoramas” (...)”.
Pero,
la mayor sugestión de la casa proviene, sin duda, del hecho de haber sido sede
de la “Torre de los Panoramas” que, junto con el “Consistorio del Gay Saber”,
constituyeron los dos grandes cenáculos del modernismo literario en nuestro
país. Minúsculo y oscuro altillo de 2.50 x
En la publicación “La historia de la
literatura uruguaya”, (Capítulo Oriental Nº 11), el capítulo “Los
cenáculos y los cafés” expresa que:
“Los
grupos literarios, las capillas literarias, extendidos por las ruedas de amigos
y visitantes, crearon cenáculos en Montevideo. Esos cenáculos suelen vincularse
a la existencia de revistas literarias pero reconocen, sobre todo, la acción de
presencia de una fuerte personalidad central, que ejerce atracción sobre otras.
Su importancia tiene más que ver con el color de la época que con la literatura
perdurable que hoy nos queda de ella. Pero por lo menos en un caso (el de
A
principios de 1902 la familia del poeta se muda a ltuzaingó
235 (hoy 1255) y Reconquista donde vive hasta la muerte del padre, en 1907.
Allí, en un altillo con vistas al mar y a las azoteas y claraboyas circundantes
de un Montevideo ediliciamente muy chato, se crea
Se
transcribe también un apartado que consta en la página 173 titulado “
“Julio Herrera y Reissig es el Maestro,
Pontífice, Dios, lmperator y Torrero.
Hay un cortejo de 30 pajes, eufonistas, preciosistas,
soñadores, también llamados franceses o atenienses. El cenáculo funciona de
día, porque no hay instalación de luz en
En
el Capítulo Nº 13: “Herrera y Reissig - El
modernismo”, el apartado titulado “El Ascenso a
“Reconoce
Roberto Ibáñez la existencia de tres cenáculos: el primero en la calle San José
119, el segundo en Cámaras 96, y el tercero en ltuzaingó
119 (actualmente 1255); este último es el que constituirá desde
“Se
llega a esta habitación por una angosta escalera cuya plataforma final da a la
azotea de la casa; la “torre” tiene dos ventanas, una de ellas frente al río.
El mobiliario, tan precario como la habitación misma, está constituido por una
mesa y sillas desechadas del resto de la casa; eso sí, en las paredes Julio
Herrera colocará grabados de Gustavo Doré y retratos de escritores admirados y,
haciendo una concesión al exotismo, un bonete turco. Este es, someramente, el
aspecto material de
Se
llega a ella por
Tomado del informe del
Arquitecto Alejandro Veneziano,
elevado a
en marzo de 2001.
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