METODOLOGÍA

 

En esta obra se presenta un corpus léxico que constituye un anticipo del Diccionario del Español del Uruguay, que la Academia Nacional de Letras del Uruguay editará próximamente.

Se trata de un muestreo en el que se estudian y presentan alrededor de un millar de palabras ampliamente representativas de nuestra habla en todos sus niveles socioculturales.

El Diccionario del Español del Uruguay pretende ser una recopilación exhaustiva de todas las voces y expresiones usadas en el Uruguay, desde sus lejanos orígenes provincianos hasta la actualidad, no compartidas por el español académico.

Su elaboración se apoya en un criterio contrastivo: recoge solamente aquellas palabras y paremias que no pertenecen al español general, según el Diccionario de la Lengua Española, (Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe, 1992, XXI ed.), o que sí figuran en él, pero con otros significados o marcas. No es, pues, un diccionario de uruguayismos stricto sensu en cuanto encuentran cabida en él, al lado de los términos que son exclusivos de nuestra habla, también palabras y locuciones que nuestro país comparte con otras regiones lingüísticas de América y otras tierras del mundo hispánico.

Destacamos asimismo que nuestro diccionario no tiene carácter normativo y su función es exclusivamente documental, sin pretender tomar posición acerca de la legitimidad de su empleo y su aceptación en la norma del español general.

De todos los caminos posibles que ofrece la lingüística aplicada, la Academia Nacional de Letras ha elegido el de la lexicografía, por ser de las menos transitada por los lingüistas y, a su entender, el más urgente y necesario para la propia comunidad lingüística. Labores de esa envergadura cada vez son más propias de instituciones que de individualidades, debido a la enorme desproporción que existe entre el tiempo que debe invertirse en su ejecución, nunca menor al de varias generaciones, y su resultado, que, a su propia esencia, ya exige la enmienda antes de darle fin. Esa perpetuidad del cambio y el trabajo en perpetuarlo hacen que un diccionario de la lengua sea una de las obras más perfectibles de cuantas haya emprendido la humanidad. Esa misma característica ha determinado que también haya sido blanco favorito de críticas y denuestos durante siglos, a pesar de ser una de las obras canonizadas por la cultura escrita.

Un diccionario del habla uruguaya no puede quedar exento de tales premisas, porque ellas son las que, existiendo, ratifican la condición de aquel, pero siempre y cuando cumpla con una doble obligación que garantiza la nobleza de su producto: la primera, que las enmiendas, adiciones y supresiones a los artículos se empiecen a hacer al instante siguiente de la edición de la obra; la segunda obligación será la de una edición regular, a intervalos no mayores de diez años. Solo así puede quedar asegurada, con el transcurso de los decenios, la ciclópea tarea de atrapar la galáctica inmensidad del lenguaje en un instante de su vida.

La obra está dirigida simultáneamente a varios tipos de usuarios: docentes, técnicos, especialistas de diversas áreas del conocimiento, gramáticos, etimologistas, lexicógrafos, investigadores, lingüistas, pero principalmente al lector común. Es posible que cualquiera de los consultores antes menciona dos no pueda darse por satisfecho con la información que se le proporciona; pero sépase que los datos que se brindan son los únicos disponibles hasta el momento. Algunos son el producto de investigaciones sobre algunas áreas léxicas, otros son tomados de fuentes bibliográficas confiables que abarcan, todas ellas, un estudio fragmentario del habla. Unificarlos y sistematizarlos hubiera sido tarea de envergadura similar a la de la recopilación y definición de voces; los recursos disponibles exigieron una opción y se optó por dar prioridad a la demanda de información más numerosa: la de los significados y significantes.

Puesto el énfasis en ese aspecto de la lengua, los planes de trabajo se centraron en dos áreas: recopilación y almacenamiento de información, por un lado; selección de materiales y estudio de los mismos, por otro.

El acopio de datos, llevado adelante por colaboradores voluntarios y funcionarios del Departamento, surge del análisis de las siguientes fuentes: los estudios lexicográficos, las compilaciones éditas o inéditas, la correspondencia particular, los documentos públicos y privados, las publicaciones periódicas, la publicidad, la prensa oral y televisiva, la literatura nacional y todas aquellas fuentes bibliográficas que puedan aportar voces de uso jergal o general, con peculiaridades diatópicas: manuales de historia, geografía, zoología, botánica, música, artes plásticas, cocina, indumentaria, sindicalismo, política, oficios, etc.

Una segunda forma de coleccionar información ha sido la de organizar trabajos de campo, con docentes de diferentes regiones del país, sobre el empleo de palabras de uso específico en algunos temas: el cuerpo humano, la vivienda, accidentes geográficos y fenómenos atmosféricos; transportes y comunicaciones; formas de saludo y trato social; actividades culturales y deportivas; comercio; urbanización; juegos; comidas, repostería, bebidas; o relacionadas con la niñez, la ancianidad, el amor, el sexo, la muerte, los sentimientos, etc.

Otra forma más de recoger datos ha sido por medio de convocatorias de concursos; en ese aspecto se han celebrado varios concursos nacionales de Lexicografía, cuyos temas, hasta el momento, han recaído esencialmente sobre las voces extranjeras usadas en el Uruguay. Tal procedimiento ha permitido obtener, para la consulta y recopilación autorizada, valioso material lexicográfico de aprovechamiento inmediato, así como un vínculo directo con aquellos concursantes que dieron pruebas de su idoneidad con los premios obtenidos con los trabajos.

Así ha sido posible ir formando un gran banco de datos con información diacrónica, diastrática, diatópica, gramatical, semántica, etimológica y de frecuencia de uso, sobre las voces usadas en el Uruguay que muestran variantes o no pertenecen al español corriente.

De ese caudal proceden las voces que estudian los académicos, docentes y especialistas que integran la Comisión de Lexicografía, con carácter honorario, para elaborar los artículos que conformarán el Diccionario del Español del Uruguay.

Otra procedencia tienen todas las paremias que se incluyen en el diccionario: son el producto del trabajo, también honorario, de otra comisión que investigó e investiga, con idéntico criterio contrastivo, todos los dichos, refranes, frases hechas y locuciones propios del habla uruguaya.

El nuestro será, pues, un diccionario de uso en el que prima el carácter sincrónico, pero con alguna concesión a palabras obsolescentes e históricas y aun a arcaísmos, en la medida en que resulten convenientes como registro de conservaciones culturales o como instrumento para leer mejor nuestra primera literatura.

En él se hacen presentes variedades diatópicas que dan una idea de la heterogeneidad léxica existente en el país, a pesar de la pequeñez de su territorio.

En cuanto a la microestructura del Diccionario del Español del Uruguay, cabe señalar que ella comprende tres grandes aspectos: identificación de la palabra, definición y datos complementarios. Dentro del primer aspecto, se incluyen, además de enunciado y étimo, clasificación gramatical y otras indicaciones lingüísticas: nivel de lengua, frecuencia de uso, otras caracterizaciones sociolingüísticas, como jergal, estudiantil, tabuizado, etc., localización geográfica de uso y ubicación por áreas del conocimiento.

En relación al segundo aspecto, si existe más de una definición, estas se ordenan, cuando es posible, de lo más general a lo más particular, de lo menos marcado a lo más marcado. Las marcas general de nivel de lengua usual, en la frecuencia y en todo el país en la localización geográfica se valoran por omisión, es decir que cobran significado cuando no aparece otra dentro de su misma categoría. Por ejemplo en la voz quiniela, solamente se indicará en la primera acepción: « f. Juego de azar que consiste...”; por lo tanto las marcas vigentes serán: general, usual y empleado en todo el país. En cambio, en la segunda acepción de la misma voz, se agrega: “fig. fam. Situación que se resuelve...”; en este caso las marcas son: general, figurado, familiar, en todo el país.

Respecto a los términos de fauna y flora, cabe decir que éstos van acompañados por el correspondiente nombre científico y con una definición que destaca las características más notorias que facilitan su identificación, pero sin entrar en detalles descriptivos de corte enciclopédico.

En cuanto al tercer aspecto, algunos artículos se complementan con referencias a relaciones sintagmáticas, con locuciones, con ejemplos.

Las expresiones formadas por más de un vocablo no se ingresan en estricto orden alfabético sino por una de sus palabras, según este orden de preferencia: sustantivo, verbo, adjetivo, pronombre o adverbio. Por ejemplo, la locución querer la chancha y los cuatro reales se ingresará en el artículo chancho, cha y andar pisando fuerte en el artículo andar.

Con estas reflexiones ofrecemos a los estudiosos y al lector común un primer ensayo de la lengua que se emplea en el Uruguay en los varios aspectos en que esta se diferencia del español general propuesto por la Real Academia en su Diccionario de la Lengua Española.