I N T R O D U C C I Ó N

Una de las primeras medidas adoptadas por la Academia Nacional de Letras, apenas cumplidos los actos administrativos fundamentales vinculados con su fundación -integración del cuerpo, estatutos, reglamento, instalación, elección de autoridades-, fue la creación de una Comisión de Vocabulario, cuyos miembros eran los académicos D. Antonio María Barbieri, D. Víctor Pérez Petit, D. Carlos Martínez Vigil, D. Adolfo Berro García y D. Daniel Castellanos.

En el medio siglo transcurrido desde entonces, la voluntad de trabajar en lexicografía ha sido sostenida, aunque las acciones correspondientes hayan experimentado altibajos debidos a diferentes causas.

Desde el nombramiento de aquella comisión en noviembre de 1944, hasta principios de la década de los sesenta, el promotor de la labor lexicográfica académica fue Adolfo Berro García, primer secretario y único «gramático» de la Academia durante casi treinta años.

A este período debemos un primer corpus de uruguayismos que constituye la base del fichero lexicográfico de la Corporación.

En 1963, la Academia llamó a concurso sobre el tema: Contribución al Diccionario Histórico de la Lengua Española. Vocabulario documentado en la producción literaria de escritores uruguayos y referido a vocablos, frases, modismos y refranes no incluidos en el Diccionario de la Lengua Española, Edición 18ª, Madrid 1956, o incorporados a él con otra acepción». Como resultado de dicho concurso, en 1966 se publicó el Diccionario Uruguayo Documentado, obra de las profesoras Celia Mieres, Élida Miranda, Mercedes Rovira de Berro y Eugenia Beinstein de Alberti.

La vinculación de las autoras de este diccionario al quehacer académico, la presencia en la Secretaría de Esther de Cáceres y su viaje a Madrid, en 1968, para integrar la Comisión Permanente de la Asociación de Academias, constituyen el inicio de una segunda etapa de la lexicografía académica. De los trabajos realizados en este período es testimonio la mayor parte de los uruguayismos registrados en el DRAE a partir de su edición decimonona.

En 1976, Celia Mieres -sucesora de Adolfo Berro García en el sillón académico- integró la Comisión Permanente de la Asociación de Academias, como representante de la corporación uruguaya. A su regreso, promovió una reorganización de las comisiones estables de la Academia que, en lo fundamental, sigue vigente. Desde entonces, ha habido tres grupos de trabajo que se ocupan del léxico: La Comisión de Lexicografía, la de Paremiología y la de Vocabulario Técnico. Esta puede ser considerada la tercera etapa de la lexicografía académica, la cual podría caracterizarse por cinco hechos básicos.

Primero, el estudio sistemático de las consultas lexicográficas de la Comisión Permanente, así como el de las enmiendas y adiciones aprobadas por la Real Academia Española.

Segundo, la integración a la Comisión de Lexicografía de los principales lexicógrafos del momento: Juan Carlos Guarnieri, Rolando Laguarda Trías, Celia Mieres, Élida Miranda, Avenir Rosell y Mercedes Rovira de Berro. Conviene mencionar aquí, también, la participación en las tareas lexicográficas de la Academia de decenas de informantes y colaboradores diseminados por todo el territorio nacional.

Tercero, la incorporación al acervo de la comisión de valiosas obras lexicográficas inéditas: el Lenguaje del Río de la Plata, de Sergio y Wáshington Bermúdez, el Diccionario Campero Popular, del P. Montero Brown, las Ampliaciones al Vocabulario Rioplatense de Daniel Granada, de Doroteo Márquez Valdés, y Contribución al Diccionario Histórico de la Lengua, de Arguello.

Cuarto, la adquisición del archivo Berro García, entrecuyos materiales figuraban listas de uruguayismos estudiados por el doctor Berro García con sus colaboradores, tanto del Instituto de Estudios Superiores como de la Facultad de Humanidades.

Quinto, la decisión de elaborar el Diccionario del Español del Uruguay (DEU).

En torno a esta obra se desarrolla la mayor parte del quehacer lexicográfico de la Academia desde hace una década. Las bases para la elaboración del DEU, redactadas en su versión original por el entonces académico Laguarda Trías, fueron aprobadas primeramente por la Comisión de Lexicografía y luego por el plenario académico.

A partir de entonces, la Comisión, que ha experimentado inevitables relevos y valiosas renovaciones en su integración, viene realizando una sostenida labor de la que dan fe las decenas de miles de fichas que constituyen hoy el archivo lexicográfico de la Academia Nacional de Letras del Uruguay.

En dicha labor, ha tenido importante participación el Departamento de Investigaciones Lexicográficas de la Academia, organismo creado en 1984, que, lamentablemente, no ha podido cumplir con todo lo que se esperaba de él por falta de recursos humanos y materiales.

Como consideración final de esta reseña acerca de la lexicografía académica, vale la pena destacar el carácter honorario que han tenido todos los aportes y trabajos lexicográficos realizados durante estos cincuenta años. Ese carácter honorario de los trabajos, si bien enaltece a quienes lo practican, ha significado una obvia e insuperable limitación a la hora de establecer ritmos de trabajo y exigencias de rendimiento.