LOS
HETERÓNIMOS DE ANTONIO MACHADO
Washington
Benavidez
En el libro Nuevas Canciones (1924), Antonio Machado publica en el sector denominado "Proverbios y Cantares" (dedicado a José Ortega Gasset), esta especie de "soleá" emblemática:
"Busca
a tu complementario,
que marcha siempre contigo
y suele ser tu contrario."
Antonio Machado, nacido en Sevilla en 1875, el 26 de julio, a esa altura de su creación y su vida, había publicado Soledades (1902); Soledades, galerías y otros poemas (1907); Campos de Castilla (1912); Poesías completas (1917) y algunas reediciones. Era un poeta reconocido y muy estimado, pese a su nunca desmentida modestia. Desde sus Nuevas canciones la crítica acepta o rechaza sus nuevas composiciones. Uno de los principales poetas de la Generación del 27, Luis Cernuda en su libro Estudios sobre Poesía Española Contemporánea, Ed. Guadarrama, 1957, dice de las Nuevas Canciones: "Libro que nada nuevo añade a lo que ya había publicado". Aunque agrega después que aparecen "poemitas donde no sé si sería justo decir que asoma cierto eco de la lírica que entonces escriben y publican algunos poetas de la generación nueva...". Muy distinta opinión al respecto de ese libro es la de Helen P. Grant en su ensayo "Ángulos de enfoque en la poesía de Antonio Machado" (La Torre, Homenaje a Antonio Machado, enero-junio de 1964, Puerto Rico). Ensayo donde se cala profundamente en el tema de la "objetividad" y del "otro"; obra imprescindible para rastrear algunos de los intentos críticos sobre "heterónimos" que aquí ofrecemos. También debo señalar que este aspecto (para mí fundamental en la obra de Machado) surge con claridad luego de la confrontación de los heterónimos de un gran contemporáneo de Machado, me refiero al portugués Fernando Pessoa, en un intento de literatura comparada, que creemos servirá a los fines propuestos. Pessoa nace en Lisboa en junio de 1888, solamente publica en libros o folletos: 35 sonetos (en inglés), English Poems I-II y English Poems III (en inglés también) 1922, y Mensagem en 1934, fuera de colaboraciones en revistas. Lo principal de su obra bajo su nombre y apellido o de sus heterónimos queda inédito luego de su muerte, acaecida el 30 de noviembre de 1935 en Lisboa.
Esta comienza a publicarse recién en el año 1942, la de Fernando Pessoa; en 1944 las Poesías de Álvaro de Campos; en 1945, los Poemas de Alberto Caeiro y las Odas de Ricardo Reis, es decir, de sus principales heterónimos. De ahí en adelante se suceden las reediciones. Pessoa en una extensa carta al crítico amigo Adolfo Casais Monteiro explica la génesis de sus "heterónimos" (carta escrita el mismo año de su muerte) y hablando de futuras publicaciones que no llegó a ver explicita: "Me referí, como vio, solo a Fernando Pessoa. No pienso en nada de Caeiro, de Ricardo Reis o de Álvaro de Campos. Nada de eso podré hacer, en el sentido de publicar, excepto cuando (ver más arriba) me sea dado el Premio Nobel. Y sin embargo –lo pienso con tristeza–, puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, vestida de música que le es propia, puse en Álvaro de Campos toda la emoción que no me doy ni a mí ni a la vida. ¡Pensar, mi querido Casais Monteiro, que todos estos tienen que ser, en la práctica de la publicación, postergados por Fernando Pessoa, impuro y simple!"
Dice más adelante: "Sea como fuere, el origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la desper-sonalización y a la simulación". Significativamente, en la creación de sus heterónimos, Pessoa, apenas creado el 1er Alberto Caeiro, "traté –dice– de descubrirle –instintiva e inconscientemente– unos discípulos". Así nacen los otros. En los heterónimos de Antonio Machado, agreguemos que solamente mencionados como tales por Guillermo de Torre en el Ensayo Preliminar de Obras/ Poesía y Prosa de la Ed. Losada, Buenos Aires, 1964, se nos da también esa especie de teoría de vasos comunicantes de maestro y alumnos en Abel Martín y su discípulo y antólogo Juan de Mairena. Machado escribe "apócrifo" (es decir fabuloso, supuesto o fingido) en relación a sus heterónimos o sus "otros yo de Machado", como comenta De Torre, quien al respecto dice: "La pugna entablada en su espíritu entre los dos entes que alegóricamente le habitaban, la cigarra cantora y el "junco pensante", se resuelve cuando pulsa una "guitarra metafísica" –Eugenio d’Ors dixit–; o más sencillamente diríamos que se disuelve tomando un camino semejante al utilizado por su andalucismo ingénito para consustanciarse con su castellanismo intelectual. Lo reflexivo se aligera de peso y cobra alas al pasar por el ingenio burlón de Abel Martín y Juan de Mairena... Mediante estos "complementarios" su trujamán quería no solo desdoblar su identidad, sino rebasar lo fatal del principio ontológico de contradicción. Para rehuir la desventaja de hacer opinar póstumamente a Martín y a Mairena quiso Machado darles un compañero más joven, que disertara como un riguroso contemporáneo, sobre los hechos del día." Ese hubiera sido Pedro de Zúñiga, pero, desgraciadamente, y como dice De Torre, "quedó nonato". Machado, en su "Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo", nos dice en el ensayito XXII: "Antes de escribir un poema –decía Mairena a sus alumnos– y publicar el poema; o bien tirar el poema al cesto de los papeles y quedarnos con el poeta, o, por último quedarnos sin ninguno de los dos, conservando siempre al hombre imaginativo para nuevas experiencias poéticas..."
En una apostilla sobre Shakespeare nos revela: "Pero, además, ¿pensáis –añadía Mairena– que un hombre no puede llevar dentro de sí más de un poeta? Lo difícil sería lo contrario, que no llevase más que uno." En otro pasaje del mismo libro, plantea: "El hombre quiere ser otro. He aquí lo específicamente humano."
En trabajos de 1936, Machado cita a Mairena, que a su vez –indirectamente– cita a Machado. Es en torno al teatro, tema que trataremos más adelante: "Cuidado, niña –decía Mairena a una joven actriz, descaminada por la crítica–, que no basta berrear para ser trágica. Y hasta convendría no berrear. En último caso, hay que sentir lo que se berrea.
Se
miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.
Estos versos –de un coplero sevillano, que vaga hoy por las estepas de Soria– deben ser meditados por nuestros actores, los cuales no aciertan con el más leve acento de verdad cuando representan personajes que, como Hamlet, Segismundo, Don Juan, no pueden ser copiados, sino que han de ser, necesariamente, imaginados."
Volviendo a uno de los problemas centrales de la creación machadiana: la objetividad, Helen Grant nos dice: "En su última época, la del Cancionero Apócrifo y Los Complementarios, descubre (Machado) otra forma de objetivización. Vuelve los ojos hacia sí mismo, no para hablarnos de su propia intimidad, sino para crear estados de conciencia posibles que atribuye a personajes de su invención: Juan de Mairena, Abel Martín, Jorge Meneses y unos cuantos más.
La crítica citada aventura que este problema ya estaba planteado por Machado en Campos de Castilla y en su explicación del romance de la Tierra de Alvargonzález: "Inventar nuevos poemas de lo eterno humano, historias animadas que, siendo suyas, viviesen, no obstante por sí mismas". Agregando Helen Grant: "El punto culminante en la
objetivación de lo subjetivo está representado por la creación de sus poetas apócrifos, personas que viven por sí mismas, y al mismo tiempo son "suyas", o sea los "otros yo posibles" del poeta. Abel Martín –que se corresponde al Alberto Caeiro pessoano, por ser "maestro", el iniciador dirá: "Nadie logrará ser el que es si antes no logra pensarse como no es". Grant acota: "Desde mucho antes de Campos de Castilla Machado conversó con el hombre que siempre iba con él y le enseñó "la filantropía" y cosas y personas tienen vida propia antes del Cancionero Apócrifo." Todavía podemos transcribir este otro válido juicio: "En el proceso creador que le llevaba de la soledad introspectiva a la fraternidad cordial, Machado tenía forzosamente que crear personajes para exteriorizar su visión. Y recuerda el consejo a un joven poeta dado por la novelista Virginia Woolf: "Si quieres satisfacer todos los sentimientos que suben como un enjambre de abejas cuando dejamos caer entre ellos un poema... te aconsejo que la emprendas con un largo poema en el que alguien completamente diferente a ti hable en voz en grito." Y siempre dentro de la oportuna literatura comparada, Grant observa que "La tierra de Alvargonzález" es "poema tan agrio y tan objetivo de forma como "Waste Land" de T. S. Eliot". Acaso sea verdad (como Grant sugiere) que después de 1917 Machado comienza a crear sus poetas "apócrifos", "hecho explicable en parte, porque no se sentía en completa conformidad con la dirección que iba tomando la poesía de los jóvenes de los años veinte y por cierto espíritu burlón y andaluz con el que se enfrentaba su propio sentido trágico de la vida. Machado en carta a Giménez Caballero en 1928 ofreciéndole su "tercer poeta apócrifo, Pedro de Záñiga, nacido en 1900" dijo: "Como nuestra misión es hacer posible el surgi-miento de un nuevo poeta, hemos de crearle una tradición de donde arranque y él pueda continuar. Además, esa nueva objetividad a que hoy se endereza el arte, y que yo persigo hace veinte años, no puede consistir en la lírica –ahora lo veo muy claro– sino en la creación de nuevos poetas –no nuevas poesías– que canten por sí mismas." En cuanto a la relación de Machado y sus "apócrifos" existe un "Apunte" donde parece referirse a ella: "No conviene olvidar... que nuestro espíritu contiene elementos para la construcción de muchas personalidades todas ellas tan ricas, coherentes y acabadas como aquella –elegida o impuesta– que se llama nuestro carácter" (Los Complementarios apuntes escritos de Baeza-Segovia, 1912, 1924, Losada). Como los heterónimos pessoanos, los "apócrifos" de Machado tienen su historia. Abel Martín, poeta y filósofo, nace en Sevilla (1840) y muere en Madrid (1898). Como hombre, se le presenta como mujeriego, colérico y algo dado al vinillo. En cuanto a su discípulo Juan de Mairena, es presentando como poeta, filósofo, retórico e inventor de una Máquina de Cantar. Nace en Sevilla (1865) y muere en Casariego de Tapia (1909). Escribió una "Vida de Abel Martín", un "Arte poética", una colección de poesías: "Coplas mecánicas", y un tratado de metafísica: "Los siete reversos". Ahora adviértase esta singularidad en los "heterónimos" de Machado: a Juan de Mairena se atribuye la autoría de "Coplas mecánicas" (poesías) pero, en el Cancionero apócrifo se nos aclara: "Sostenía Mairena que sus ‘Coplas mecánicas’ no eran realmente suyas, sino de la "Máquina de trovar" de Jorge Meneses. Es decir, Mairena había imaginado un poeta, el cual, a su vez, había inventado un aparato, cuyas eran las coplas que daba a la estampa". ("La metafísica de Juan de Mairena").Les ruego un ápice de atención a lo que ha provocado Machado con esta vuelta de tuerca de sus heterónimos: Machado, que recopila los trabajos de Juan de Mairena y a veces escribe a su manera o a la de su maestro Abel Martín, nos dice que Mairena reconoce que Meneses (inventado por Mairena) es el verdadero autor de sus poesías de "Coplas mecánicas" a través de su máquina de trovar. La teoría de vasos comunicantes se nos hace pequeña, y más bien recordamos aquellas "Magias parciales del ‘Quijote’ escritas por Jorge Luis Borges, teniendo para ello muy presentes las reflexiones de su maestro Macedonio Fernández. Ustedes recordarán: la obra dentro de la obra, o como lo dice Borges: "Ese juego de extrañas ambigüedades". Los protagonistas del Quijote en la 2ª parte han leído y critican la 1ª, "los protagonistas del Quijote son, asimismo, lecturas del Quijote". Borges sugiere otros ejemplos de "extrañas ambigüedades": "en el escenario de Hamlet otro escenario donde se representa una tragedia, que es más o menos la de Hamlet". Borges agrega otros ejemplos del Ramayana, de Las mil y una Noches. No aportaré las reflexiones finales. Pero, ante Machado-Mairena-Meneses, ¿no nos parece hallarnos ante espejos enfrentados? El reflejo de Machado pasa por Abel Martín, de éste a su discípulo Juan de Mairena y de éste a su discípulo Jorge Meneses.. Y todo ello recopilado por Antonio Machado, que imita a Fernando Pessoa, imita a sus criaturas o probables destinos, Álvaro de Campos, etc. Y puesto en este estado casi febril de reflejos y búsquedas, qué decir de los "doce poetas que pudieron existir" inventados por Machado (y que en realidad son catorce) y que figuran en un Cancionero apócrifo con pelos y señales y poesías:
1) Jorge Menéndez. Nacido
en Chipiona, en 1828. Murió en Madrid, en 1904. Empleado de Hacienda y autor
dramático. Colaboró con Retes. Murió de apoplejía. La composición que se
copia fue enviada como anónimo a Francisco Villaespesa y se atribuyó a don
Manuel Valcárcel.
Salutación a los modernistas
Los del semblante amarillo
y pelo largo lacio,
que hoy tocan el caramillo,
son flores de patinillo,
lombrices de caño sucio.
2) Víctor Acuoroni. De origen italiano. Nació en Málaga, en 1879. Murió en Montevideo, en 1902.
Esta bolita de marfil sonora
que late dentro de la encina vieja
me hace dormir...
En sueño,
un ave de cristal –¡’mli!– en el olmo suena.
3) José María Torres. Nació en Puerto Real en 1838. Murió en Manila en 1898. Fue amigo de Manuel Lara (?).
Mar
A la hora de la tarde
viene un gigante a pensar.
Junto al mar, que mucho suena,
medita, sordo a la mar.
En el fondo de sus ojos
las naves huyendo están,
entre delfines de bruma,
sobre el bermejo del mar.
Él no ve ni el mar ni el cielo,
él sólo ve su pensar.
¡Gigante meditabundo
a la vera de la mar!
4) Manuel Cifuentes Fandanguillo. Nació en Cádiz en 1876. Murió en Sevilla en 1899 de un ataque de alcoholismo agudo.
Las cañas de Sanlúcar
me gustan a mí
porque me quitan las penas.
Échame un ferrocarril.
Manzanilla en el barco
jugo de la tierra,
que van mareando.
En Jerez de la Frontera,
tormentas de vino blanco.
Para Narcisos, tu calle,
donde al que pasa le dicen:
sube un ratito, Don Nadie.
5) Antonio Machado. Nació en Sevilla en 1895. Fue profesor en Soria, Baeza, Segovia y Teruel. Murió en Huesca, en fecha no precisada. Algunos lo han confundido con el célebre poeta del mismo nombre, autor de Soledades, Campos de Castilla, etcétera.
Alborada
Como lágrimas de plomo
en mi oído dan,
y en tu sueño, niña, como
copos de nieve serán.
A la hora del rocío
sonando están
las campanitas del alba.
¡Tin, tan, tin, tan!
¡Quién oyera
las campanitas del alba
sentado en tu cabecera!
¡Tin, tan, tin, tan!
Las campanitas del alba
sonando están.Nunca un amor sin venda ni aventura;
huye del triste amor, amor pacato
que espera del amor prenda segura
sin locura de amor, ¡el insensato!
Ese que el pecho esquiva al niño ciego,
y blasfema del fuego de la vida,
quiere ceniza que le guarde el fuego
de una brasa pensada y no encendida.
Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe el desvarío
que pedía sin flor fruto a la rama.
Con negra llave el aposento frío
de su cuarto abrirá. Oh, despierta cama
y turbio espejo. ¡Y corazón vacío!
(Este soneto con variantes
incluido en la obra de A. Machado)
6) Lope Robledo. Nació en Sevilla, en 1812. Murió en Sepúlveda, 1860.
Tiene el pueblo siete llaves
para siete puertas.
Son siete puertas al campo,
las siete abiertas.
7) Tiburcio Rodrigálvarez. Nació en Almazán en 1838. Murió en Soria en 1908. Fue amigo de Gustavo Adolfo Bécquer, de quien conservó siempre grato y vivo recuerdo.
I
Era la mayor Clotilde,
rubia como la candela;
era la más pequeñita
Inés, como el pan, morena.
Una tarde de verano
se partieron de la aldea:
salieron a un prado verde,
posaron sobre la hierba.
..................................
Nota marginal: No he podido recordar el texto del romance en que se describe una tormenta de verano. Sólo recuerdo los versos:
...el viento
húmedo sopla;
los montes relampaguean.
Fue leída por su autor, que poseía también algunos autógrafos de Bécquer.
8) Pedro Carranca. Nació en Valladolid en 1878.
Sube y sube, pero
ten
cuidado, Nefelibata,
que entre las nubes también
se puede meter la pata.
9) Abel Infanzón. Nació en Sevilla en 1825. Murió en París en 1867.
¡Oh, maravilla,
Sevilla sin sevillanos,
la gran Sevilla!
Dadme una Sevilla vieja
donde se dormía el tiempo
con palacios con jardines,
bajo un azul de convento.
Salud, oh sonrisa clara
del sol en el limonero
de mi rincón de Sevilla,
¡oh alegre como un pandero,
luna redonda y beata
sobre el tapial de mi huerto!
Sevilla y su verde orilla,
sin toreros ni gitanos,
Sevilla sin sevillanos,
¡oh maravilla!
10) Andrés Santayana. Nació en Madrid en 1899.
El milagro
En
Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda,
y ahora verás si veo...
Abrí el estuche, pero dentro: nada;
"point de lunettes"... ¿Huyeron? Juraría
11) José Mantecón del Palacio. Nació en Almería, en 1874. Murió en 1902.
El aire por donde
pasas,
niña, se incendia,
y a la altura de tus ojos
relampaguea.
Guarde Dios mi barco
y guarde mi corazón
del aire de mi morena.
No me mires más
y si me miras avisa
cuando me vas a mirar.
¡Dios mío, si no llegara!...
Llevando el viento de cara,
yo iba de Argel a Almería.
Quizá lo mejor sería.
Quien ve el faro de su puerto
de lejos relampaguear,
piensa en tormentas peores
que las tormentas del mar.
12) Froilán Meneses. Nació en León. Murió en 1893.
Aunque tú no lo
confieses,
alguien verá de seguro,
lo que hay de romance puro
en tu romance, Meneses.
(A.M.)
En Zamora hay una torre,
en la torre hay un balcón,
13) Adrián Macizo. Traducción de Shakespeare.
Mi vida, ¡cuánto
te quiero!,
dijo mi amada y mentía.
Yo también mentí: Te creo.
Te creo dije pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan,
ya es mentira inocente;
se mienten, mas no se engañan.
No es exactamente esto lo que dice Shakespeare, pero léase atentamente el soneto y se verá que es esto lo que debiera decir.
14. Manuel Espejo.
Oí decir a un gitano:
-Se miente mas no se engaña
y se gasta más saliva
de la necesaria.
(Variante)
Cuando dos gitanos hablan,
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.
Analizar algunos de estos heterónimos-crisálidas (la mayoría) nos llevaría un tiempo no recomendable. Pero obsérvese una vez más el juego de espejos, pleno de ironía y de dobleces, de ese poeta (el nº 5: Antonio Machado, también sevillano y profesor en sitios que el otro Machado frecuentó) de idéntico nombre y apellido.
También, aunque de paso tendríamos que subrayar la presencia de dos o tres poemas excepcionales del poeta, el soneto de su homónimo, el atribuido a Andrés Santayana: El Milagro; el romance, con epígrafe de A. Machado de Froilán Meneses. Pero hay más: Machado ofrece una lista de "Filósofos españoles del Siglo XIX": Ignacio Santarin: De lo universal cualitativo./ Homebono Alegre: Leibniz, filósofo del porvenir./ José Callejo y Nandin: La inteligencia y la isla de Robinson./ Eugenio March: Las siete formas de la objetividad./ Miguel Zurumburo: La heterogeneidad del ser./ Antonio Espinosa y Mon: De lo uno a lo otro./ (Seis filósofos que podrían existir, con seis metafísicas diferentes).
¿Qué diferencias podrían anotarse en los principales heternónimos y la obra anterior de Antonio Machado? Cernuda aventura que desde sus apócrifos Machado se aproxima a la poesía que escribe la generación de los años 20. Cosa que en los Cancioneros apócrifos y Nuevas Canciones (1917-1930) puede observarse. Y hasta sería aconsejable una relectura de algunos poetas como Moreno Villa (1887-1955), de Marinero en tierra (1925) de Rafael Alberti o de "Presagios" (1923) de Pedro Salinas, y encontraríamos una aproximación machadiana, sobre todo por la utilización de estrofas y metros populares, principalmente de Andalucía y de ella la "soleá", que en manos de Machado adquiere una concentración de "hai-kú" japonés o de poemas juveniles de Ezra Pound como "En una estación del metro": "El aparecimiento de estas caras entre el gentío, pétalos de mohosa, negra rama." Véanse estas canciones machadianas: "Junto al agua negra./ Olor de mar y jazmines./ Noche malagueña." O esta otra soleá: "¡Blanca hospedería,/ celda de viajero,/ con la sombra mía!".
Por otra parte, hay voces críticas, que encontraron en los Cancioneros apócrifos poemas de una mayor complejidad, que los aproximarían (una de tantas contradicciones en un gran creador) a la línea del Barroco, tan zaherido por los "heterónimos".
Creemos hallar en la poesía de esos "Cancioneros" una marcada eroticidad, que antes era sugerencia o veladura en Antonio Machado. Los cuatro sonetos de Abel Martín: Primaveral, Rosa de fuego, Guerra de amor y "Nel mezzo del camín pasóme el pecho" deben figurar entre lo más potente y seguro de la creación del sevillano.
Cuando el poeta logra superar el fantasma querido de su esposa muerta, Leonor, con esa mezcla de ternura y ausencia que siempre acompaña su sombra en los poemas, e inventa y luego descubre un gran amor tardío (Guiomar): "Todo amor es fantasía:/ él inventa el año, el día,/ la hora y su melodía,/ inventa el amante y más, ("Canciones a Guiomar"), Machado concreta poemas magníficos, que no me explico cómo la crítica de hace algunas décadas consideró inferiores a sus poemas de la primera época. Leer Abel Martín Los complementarios. "Recuerdos de sueño, fiebre y duermevela", es encontrarse con un Machado escribiendo a todo riesgo, ese relampagueante poema por donde cruzan mujeres (el eros) situaciones personales, políticas, sociales ("¡masón, masón!"), paisajes en miniaturas plenas de alma y carácter: "Era la tierra desnuda,/ y un frío viento, de cara,/ con nieve menuda". Su personal y humorístico descenso al Infierno ("¿Tú eres Caronte, el fúnebre barquero?/ Esa barba limosa.../ ¿Y tú, bergante?"). Y por supuesto, todas las canciones a Guiomar: "No sabía/ si era un limón amarillo,/ lo que tu mano tenía,/ o el hilo de un claro día,/ Guiomar, en dorado ovillo./ Tu boca me sonreía." Es también en los mismos días de su pasión por Guiomar, cuando el teatro seduce a Antonio, quien junto a su hermano Manuel, escribirá media docena de comedias. En sus cartas a Guiomar dará pormenorizados rasgos de la creación de las mismas. Y se nos ocurre que, para el tímido e introvertido poeta, las formas dramáticas serán otro medio de objetivización, de salirse a lo "otro". Volvemos a la visión comparada inicial de los dos grandes poetas peninsulares. El hombre contradictorio machadiano busca resolverse en heterónimos de muy parecida manera que Fernando Pessoa. Más allá de las claras definiciones políticas opuestas de Machado y Pessoa (progresista y socializante en el sevillano, nacionalista místico y anticomunista y antisocialista en el lisboeta), creemos advertir en ambos una reserva vital común. Dirá Rubén Darío de Machado:
"Misterioso
y silencioso
iba una vez y otra vez..."
Pessoa
dijo de sí mismo:
"No sé... Yo soy un loco que extraña su propia alma...
Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños..."
Machado
dijo de sí mismo:
"Así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla."
Que yo sepa no tuvieron vinculación alguna. Y no he localizado referencias de uno sobre la obra del otro. No niego su existencia, señalo que no la conozco. El asunto así de largo da para mucho más.
Addenda de heterónimos
El creador de Los gozos y las sombras el excelente narrador y crítico Gonzalo Torrente Ballester en su "Prólogo en cierto modo" a la Obra Poética de Fernando Pessoa (ed. Libros Río Nuevo, 1981). Barcelona) comienza su trabajo entrando de lleno en el problema y logro fundamental del poeta portugués y así nos dice: "De lo que no hay que asombrarse, al hablar de Pessoa, al tratar de entenderlo, es de los heterónimos. Tampoco se recomienda buscarles una explicación por la vía de la anormalidad, menos aún de la excepcionalidad, y quien le aplique los criterios sociológicos al uso, o bien los psicológicos, puede estar seguro de equivocarse... [...] Lo que a mí me parece más conveniente es, ante todo, prescindir del asombro, y, cuando nos es dado, recordar cada cual su propia infancia, si es que la ha tenido... Después, renunciar a ciertas nociones queridas y al parecer inamovibles, como la unidad de la persona y su estructura compacta, y, finalmente, aceptar que la vida de cada uno esté compuesta, no sólo por lo que fue y lo que hizo, sino (ante todo) por lo que pudo ser y por lo que no quiso hacer, si bien imaginados, el ser y las acciones) [...] "La vida de cada hombre (un cuerpo y muchas personas) es la lucha incesante de lo imaginario-real contra lo posible-ideal: al final casi siempre vence lo peor". Creemos que todas estas reflexiones de Torrente Ballester se aplican con total justicia también a nuestro Antonio Machado. Se tuvo que quitar de encima como quien se quita una "camisa de once varas" aquella imagen, vuelta arquetipo, del profesor viudo y solitario de Soria o Baeza, con su fantasma de amor rondándole siempre desde su cielo. Salirse en Abel Martín y luego en Juan de Mairena y, cuando se le muere Juan de Mairena, tiene que seguir escribiendo "a la manera de Juan de Mairena" sobre política y sociedad, sobre arte y literatura, etc. No le quedó tiempo para perfeccionar ese soñado Pedro de Zúñiga, para poder soltarlo, como un nuevo gallo de riña, a la cuestión contemporánea como un contemporáneo.
¿No les parece que estas palabras que transcribo de Torrente Ballester son válidas para el sevillano y el lisboeta?: "Cada hombre escoge, o le hacen escoger, un arquetipo, el que conviene a la sociedad, y le obligan a acercarse a él hasta que no puede más, que siempre es poco: pues la vida de cada cual consiste siempre en quedarse a la mitad con las manos tendidas y en aceptar para el resto del camino los engaños que la sociedad le ofrece".