El presente trabajo no fue premiado en el concurso de 1996 por no ajustarse a las bases. Sin embargo, el jurado recomendó su publicación en virtud de sus méritos. Se procede ahora a hacerlo en forma parcial.

 

¿CÓMO HABLA MONTEVIDEO...?

¿Y LOS MONTEVIDEANOS...?

Julio C. Martínez        

Todas las ciudades hablan su propio idioma. Unico, impar, absolutamente mimetizado con sus realidades cotidianas. Montevideo, también tiene su lenguaje, su forma de comunicarse, de expresarse. Y por supuesto, los montevideanos, son sus intérpretes más autorizados.

Integrados socialmente como un amplio crisol de razas, huérfanos absolutos (o casi) de una paternidad indígena que nos legara vocablos propios, en poco más de dos siglos de existencia, los habitantes de la Muy Fiel y Reconquistadora San Felipe y Santiago de Montevideo, han ido fraguando voces, aforismos, que poco a poco se han incorporando al saber popular. Muchos han tenido larga y proficua vida, otros han fenecido poco después de nacer y otros han debido resignarse a mutaciones varias.

La relación social o política (voluntaria o coercitiva) con europeos, americanos de otras latitudes y compatriotas de mas allá de las fronteras geográficas urbanas, soprendió a los nativos del empedrado y el asfalto, desprotegidos de personalidad cultural, o simplemente intentando hacerse una "de medida". Y por ello, cada uno de esos concubinatos (placenteros o dolorosos) dejó su huella, su cicatriz, en el rostro sensible de la ciudad y su gente. El puerto, fue durante muchos años, puerta de salida para nuestras riquezas naturales, y de entrada para culturas y sub-culturas extrañas. Y varias generaciones de montevideanos fueron educados con los ojos hacia Europa y la espalda hacia el interior del propio país. Al extremo que en lo que a cultura se refiere, muchos crecieron considerando puras las de más allá del océano y bastardas las de la gramilla y el terrón.

Por ello, también el vocabulario popular de la ciudad es un "crisol" de léxicos y culturas. Y aunque los nuestros en las escuelas, intentan vanamente forzarlos a la pureza idiomática, luego, la calle, la fábrica, el propio hogar hace olvidar en la cotidianeidad a los niños, las diferencias entre la B (larga) y la V (corta), la LL y la Y, la Z y la S, y muchos terminan hablando llanamente con una sola unidad fonética, aunque quizás al escribirlo, se acuerden de ello y respeten la gramática académica. Sin embargo, Montevideo ha sido –y lo sigue siendo– uno de los polos más desarrollados culturalmente del continente americano. Por la importancia de su ingenio, la creatividad de sus hombres y mujeres, y el aporte vital de las culturas madres universales.

Pero el lenguaje popular no es culto ni inculto. Es simplemente "popular", como bien se le llama. Ni lo hablan y entienden todos los montevideanos, ni lo aceptan o niegan las mayorías. Hasta lo burdo y grosero puede adquirir un sentido generoso y amable en la mecánica impredecible de su metamorfósis constante.

Nuestras fuentes "documentales" y "bibliográficas", para este trabajo inconcluso (así debe ser porque la generación de formas es contínua en lo popular) han sido los boliches, los patios de los inquilinatos, las ferias vecinales, los viajes en ómnibus repletos, las crónicas policiales escandalosas de los diarios, los calabozos, los repertorios de las murgas carnavaleras, las letras de los tangos, las milongas de los payadores, los botijas en sus juegos de todos los días, las colas del mercado y de la Caja de Jubilaciones, los sindicatos, las fábricas, las paredes escritas apuradamente de los baños, los graffitis de los muros callejeros, los slogans de las campañas políticas vernáculas, etc. De todo ello (y de ellos) hemos rescatado una aproximación al borrador de algo que quizás un día antes que "la suerte que es grela, fallando y fallando nos largue parao", logremos concretar con más fundamento y tecnicismo.

A MODO DE PREFACIO:

TRATANDO DE JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE

Nada más lejos de nuestra intención que el hacer un "diccionario" montevideano –Este trabajo no es otra cosa que un ordenamiento primario, más o menos alfabético, de palabras, dichos, refranes y anécdotas que durante varios años fuimos guardando manuscritas en papeles sueltos, en los cajones de nuestro escritorio.

Todas ellas las fuimos recogiendo casi sin darnos cuenta, y sin pensar entonces que algún día intentaríamos una recopilación más o menos prolija de ellas, con el simple afán de proteger de nuestra memoria cada día más frágil con los años, detalles pequeños –pero detalles al fin– que hacen a nuestra cultura e identidad cultural.

Claro está. No es fácil –como lo hemos tratado de hacer ahora– dar a todos esos apuntes un cierto orden y mucho menos fácil aún, explicar con palabras sencillas y en lo posible amenas, qué y cuánto significan cada uno de ellos. Porque si bien Montevideo, como un todo social ha generado –como todos los centros urbanos del mundo– su propio "argot", también es cierto que no se trata de uno e indivisible, sino que también muchos barrios tienen el suyo, muchas veces contrastante con los de otro, aunque el vocablo utilizado sea el mismo. Y también lo generan las distintas profesiones, clases sociales y hasta generaciones.

Pero a su vez, las definiciones y los significados no son estáticos, porque van mutando sobre ellos mismos con el transcurso del tiempo o los cambios que se producen en el país hasta llegar a veces a utilizarse con un sentido totalmente opuesto hoy en los años 90, del que tuviera dos décadas atrás. Y como si todo esto fuera (Como suelen decir los vendedores ambulantes cuando publicitan su oferta a vida voz), la nuestra es una ciudad que siempre ha sido muy permeable a asimilar culturas o formas culturales ajenas, quizás porque nosotros mismos no hemos hecho mucho por crearnos anticuerpos propios, no para rechazar otras manifestaciones, sino para proteger la pureza de las nuestras.

Y es por ello que a todo ese proceso de constante cambio y regeneración del léxico popular y sus significados, se agrega el "aporte" de los medios de comunicación masivos –fundamentalmente la televisión– que al entrar libremente con modismos ajenos en nuestros hogares, lo está haciendo también en nuestra cultura y en nuestra identidad, contaminándolas y por supuesto, produciendo en ellas una alteración genética.

De todas formas –aunque sin todo el tiempo que hubiésemos deseado para ello– logramos resumir en unas cuantas páginas un abanico bastante representantivo de modismos y usos populares montevideanos, aunque para que fuese más accesible y ameno en su lectura, le hemos privado de las indicaciones de género, número, etimología, sintaxis, etc., que suelen ir abreviadas en cada una –al menos en un diccionario que se precie de tal– e incluso, sin especificarlo –pero lo hicimos así– muchas palabras las transcribimos tal y como nos suenan fonéticamente cuando las escuchamos, y no siempre luego las aclaramos en su pureza idiomática.

Por supuesto, nos quedaron cientos de voces en los borradores e incluso debimos sacrificar personajes, lugares y leyendas de la ciudad, que tienen que ver mucho también con ellas, y solamente uno que otro fueron incluídos, para que el despojo no fuera tan alevoso.

Pero quizás la mayor dificultad para encarar esta tarea con cierto respaldo técnico, es que existen pocos antecedentes de recopilaciones similares y muy escasa bibliografía. Las fuentes documentales son la propia gente y sus vivencias, su humor, su ingenio, sus broncas y sus alegrías, sus miedos y sus corajes, sus pasiones y sus miserias, lo que cantan, y lo que lamentan.

Ni lunfardo, ni criollo, ni urbano expresamente: Montevideo. Ese es el concepto de este estudio. Aunque, por supuesto, será siempre un trabajo incompleto. No sólo por nuestras limitaciones, sino por que en este mismo instante, en algún lugar de la ciudad, seguramente, nuestros propios hijos adolescentes, estarán reunidos con algunos de sus amigos, y allí, en su charla, no lo dudamos, sin que ellos lo dispongan así premeditadamente, se estará gestando una nueva palabra, un nuevo aforismo o cambiándosele el significado a los ya existentes. Y algún día, cuando alguien logre escribir un verdadero diccionario popular montevideano, esos recién amanecidos conceptos que imaginamos, deberán tener su lugar en él.

El autor

ABACANARSE: Dícese de quien vive a lo bacán. (Ver: Bacán).

ABATATADO: Confundido, ante una situación. Atontado.

ABATATARSE: Atontarse. Confundirse. Marearse.

ABLANDAR: Convencer a alguien con buenas o malas artes, pacífica o violentamente sobre algo. Suele utilizarse tanto para cuando se trata de convencer a una dama para una relación amorosa, como para encarar una sociedad comercial o para lograr declaraciones de un reo mediante presiones físicas. "Ponerlo en ablande".

A BOCHA: En abundancia. Mucho de algo.

ABOMBADA: Cuando la carne comienza a tomar un tufillo de descomposición se dice que se está "abombando". En épocas en que aún no se habían popularizado los refrigeradores y eran comunes las "fiambreras" en los hogares, la carne y los chacinados frescos, solían "abombarse" por las altas temperaturas.

ABOMBADO/A: Persona torpe. Atontada. De pocas luces.

ABOMBARSE: Atontarse. Marearse.

ABORDAJE: Ver: Abordar.

ABORDAR: Encarar decididamente a otro "al paso" y sin preámbulos.

ABOTONADOS: Se dice de los perros cuando luego de ayuntarse quedan con sus órganos sexuales unidos por algún tiempo.

¡ABRAN CANCHA!: Expresión utilizada para abrirse paso o pasar al frente en una situación generalmente comprometida.

ABRILES: Se utiliza como sinónimo de años. "Fulano tiene tantos abriles".

ABRIR LA BOCA: Hablar sin ton ni son. Hablar por hablar. Dejar transcurrir el tiempo sin hace nada positivo: "Fulano se pasó abriendo la boca toda la noche..."

ABRIR LOS GANCHOS: Ponerse en estado de alerta. Mirar bien algo antes de hacerlo.

ABRIR LOS GARFIOS: Ver: "Abrir los ganchos".

ABRIRSE: Separarse de algo. Se utiliza más que nada para las relaciones sentimentales o amistosas. "Ramón y Juana se abrieron."

ABRIRSE DE GAMBAS: Ver: "Abrirse de piernas".

ABRIRSE DE PIERNAS: Achicarse. Dejarse "prepotear" por otro sin oponer resistencia. Suele referirse también a la disposición manifiesta de una mujer a la relación sexual: "...¡Esta se le abre de piernas a cualquiera que se le atraviese...!"

ABROCHAR: Terminar con algo. Cerrar. Copular.

A BUEN ENTENDEDOR POCAS PALABRAS BASTAN: Dicho popular. Refiere sobre la inutilidad de explicaciones complementarias, frente a un hecho explícito y evidente.

¡ACABALA CHE!: Expresión imperativa y amenazante para que un interlocutor o adversario dé por terminada una acción o una charla.

ACABAR: Llegar al orgasmo en la relación sexual.

ACADEMIA: Local bailable orillero del Montevideo de fines del siglo XIX y principios del XX, donde comenzó a bailarse el tango prohibido en los salones. Por extensión se llamó así a los salones bailables posteriores en las primeras décadas del siglo, en los que se ejecutaba este tipo de música./ Bares y cafés donde se juega al billar./ Lugar donde se estudian cursos no convencionales./ Escuela de box.

ACALAMBRAR: Vencer por cansancio. Derrotar a otro por amplio margen.

A CARA ‘E PERRO: Llevar a cabo algo cueste lo que cueste y sin consideración hacia el oponente, utilizando todos los medios lícitos o no a su alcance.

ACEITE: Coima. Dinero u otro bien que se entrega a cambio de favores para obtener un beneficio privado.

ACEITAR: Sobornar.

ACEITADO: Persona que recibió un soborno a cambio de un favor.

ACIDEZ: Gastritis. "Dame un vaso de agua con bicarbonato que tengo acidez de pecho..."

ÁCIDO/A: Duro. Desagradable. Carácter poco o nada amable.

ACLAREMOS... DIJO UN VASCO Y LE ECHABA AGUA A LA LECHE...!: Dicho popular. Refiere al comienzo o la necesidad de una aclaración en algún asunto dificultoso.

ACODARSE: Ubicarse de pie frente al mostrador de un bar con los codos apoyados en él. Suele referirse para expresar la acción de colocarse en la barra de un bar a bebe alguna bebida espirituosa.

ACOGOTADO/A: Acuciado por las circunstancias. En serias dificultades generalmente económicas. Endeudado.

ACOLLARADO: Casado. Viviendo en pareja, en concubinato.

ACOLLARARSE: Unirse en pareja.

¡A COMER SE HA DICHO...!: Llamado popular a la mesa en asados o almuerzos festivos. "Bueno ché... el asado está pronto... ¡a comer se ha dicho...!"

ACOMODADO: Refiere a quien vive con holgura económica, sin grandes problemas. Se utiliza también para definir a alguien que ha logrado una posición sin merecerlo gracias a sus buenas relaciones con las jerarquías. En política suele decirse de aquellos que están protegidos por los caudillos y logran las mejores nominaciones.

ACOMODAR: Ubicar a una persona en algún cargo público o privado gracias a sus influencias. Ascender de jerarquía sin merecerlo.

ACOMODAR EL CUERPO: Adaptarse a la situación. Políticamente significa ubicarse según le convenga sin tener en cuenta los principios. Tratar de salir de una situación de la mejor manera posible.

ACOMODO: Arreglo generalmente oscuro o doloso entre dos o más partes para beneficiarse de algún asunto a espaldas de otras. Arreglos políticos que se llevan a cabo sin el consenso popular o al margen de las estructuras legales. Negociado que beneficia a unos pocos en perjuicio de otros.

A CORO: Reclamo o cualquier otra expresión de alegría o protesta que ejecutan varias personas a la vez. Griterío desordenado que no permite entender de que se trata. Acción conjunta.

ACUSAR: Pagar lo que se debe. Mostrar las cartas en el juego. Mostrar las reglas intencionales.

ACUSE: Acción de acusar.

ACHACADO/A: Estafado. Engañado. Robado. / Mal de salud.

ACHACAR: Engañar. Robar. Estafar. / Obtener ganancias exageradas en un negocio o trato determinado. / Culpar a otro de un delito o cualquier acción dolorosa.

ACHACOSO: Maltrecho. Enfermo. Envejecido. En muy mal estado físico. / Viejo.

ACHANCHADO: Gordo. Holgazán.

ACHANCHARSE: Engordar. Volverse holgazán. Dejarse estar sin hacer nada positivo por salir adelante.

ACHAQUE: Robo. Estafa. Engaño. / Dolores. Enfermedad. Malestar. Consecuencias de la edad avanzada.

ACHICADO/A: Acobardado. Carente de voluntad. Sin fe en sus propias virtudes o fuerzas.

ACHICARSE: Acobardarse. Renunciar a continuar en algo que estaba haciendo por temor al fracaso.

ACHISPADO/A: Alegrarse por efectos de bebidas espirituosas. Suele decirse también refiriéndose a una persona que capta con facilidad una situación engañosa.

ACHUCHADO/A: Que tiene chucho. Ver: Chucho.

¡ADENTRO NO ES COMO AFUERA!: Expresión festiva, que anuncia el comienzo de algo.

¡ADIANCHI!: Adelante. Expresión popularizada por el actor Alberto Olmedo en un pasaje humorístico televisivo.

ADIO: Adiós.

ADIOS: Despedida.

A DIOS... NO VAS A VERLO NUNCA: Dicho popular. Saludo de despedida con un agregado festivo.

ADOBADO: Ebrio.

ADOBARSE: Embriagarse.

ADOQUIN: Testarudo. Duro de entendimiento. Negado intelectualmente.

¡A DORMIR LA MONA!: Ir a dormir después de embriagarse o beber abundantemente. Retirarse de una fiesta o reunión en evidente estado de embriaguez: "Fulanito se fue a dormir la mona..."

ADORNAR: Sobornar. Dar algo a cambio de un beneficio o privilegio. / Incurrir en un acto de infidelidad conyugal. "Al pobre Juan, la mujer lo adornó con unos regios cuernos..."

AFANADOR: Experto en hacerse de bienes ajenos con malas artes. Estafador. Ladrón.

AFANANCIO: Afanador.

AFANE: Acción de apropiarse de bienes ajenos. Estafa. Suele aplicarse en ciertas competencias cuando el margen de diferencia del vencedor sobre su contrincante es muy amplio. "Este partido fue un afane..." Futbolísticamente también se refiere en circunstancias de fallos del árbitro que son considerados injustos para el equipo afectado por ellos.

AFE: Administración de Ferrocarriles del Estado. (Sigla). Popularmente solía utilizarse como sinónimo de ferrocarril: "Me voy en el AFE de las tres de la tarde..."

AFILADOR: Trabajador ambulante que recorría (y aún hoy sobreviven algunos) los barrios montevideanos ofreciendo a los vecinos su servicio de afilado de cuchillos, tijeras, etc. Solían andar con un carro con una gran rueda de volanta, de madera con llanta de hierro con una polea adaptada y un largo pedal que movilizaba una piedra esmeril con la que hacían su trabajo. El progreso convirtió aquellos carros de bicicletas a las que se adaptó la polea a sus pedales y rueda trasera cumpliendo la misma función. Se anunciaban con una melodía clásica (en los hechos una simple escala musical) ejecutada en una especie de armónica. Popularmente se creía que la misma atraía la mala suerte y los vecinos invocaban al escucharlo al "fierro chifle" cruzando los dedos por las dudas.

AFILAR: Acción de sacar filos a cuchillos, tijeras, etc. / Intento de enamorar, seducir o conquistar generalmente a una dama con argumentos románticos.

AFILE: Seducción.

AFIRMARSE EN LOS TALONES: Tomar una actitud firme frente a un problema.

AFINAR LA PUNTERIA: Cambiar de táctica, buscando un mejor resultado.

¡AFLOJARLE QUE COLEA...!: Dicho popular. Expresa el deseo de que se disminuya la presión sobre algo o alguien que ya está convencido o a buen recaudo.

AFLOJAR: Ceder ante una dificultad o riesgo. Renunciar a un empren-dimiento, generalmente por temor al fracaso o a otros imponderables.

AFRECHO: Abstinencia sexual forzosa. Secreción que se deposita entre el prepucio y el glande en el hombre. / Buena suerte exagerada.

A FREIR BIÑUELOS / A FREIR ESPARRAGOS / A FREIR TORTAS: Dichos populares utilizados indistintamente para mandar a alguien "a pasear", indicándole que se deje de importunar.

AFUERA: Los montevideanos suelen decir cuando viajan hacia el interior del país: "Me voy para afuera". Por contrapartida los habitantes del interior cuando se trasladan a la capital, refieren: Me voy para adentro". / Medio rural, por extensión.

A FUL: Expresión castellanizada por el uso popular. En disposición permanente. Totalmente entregado a realizar algo.

AGACHADA: Artimaña / Acción tramposa / Maña generalmente artera para salir de una situación.

AGACHAR EL LOMO: Trabajar duro.

AGACHAR LAS GUAMPAS: Aceptar una imposición que ofende su dignidad por temor o simple sumisión.

AGACHATE QUE VIENE UN MIXTO!: Advertencia sobre un peligro inminente.

AGARRADO: Amarrete. Tacaño. Empecinado.

AGARRAR: Entender una explicación o comprender una situación determinada.

AGARRAR AL VUELO: Comprender algo sin muchas explicaciones ni detalles.

AGARRAR DE HIJO: Tomar a alguien de "punto" para las bromas continuadamente o superarlo permanentemente en competencias.

AGARRAR EMBALAJE: Entusiasmarse desmedidamente con una propuesta u otro asunto.

AGARRAR EN BOLAS: Tomar desprevenido a otro.

AGARRAR EN PELOTAS: Significa también tomar a alguien desprevenido, pero suele definir también encontrarlo en situación de indigencia económica.

AGARRAR LA ONDA: Comprender lo que se le explica.

AGARRAR LO QUE VENGA: Por necesidad estar dispuesto a hacerse de la primera posibilidad que se le presente.

AGARRAR PA’ LA CHACOTA: Tomar a alguien en broma.

AGARRAR PA’ LA JODA: No tomar el asunto en serio.

AGARRAR PAL’ CARAJO: Entender algo en sentido totalmente opuesto. Desviarse del proceder correcto. Descarriarse.

AGARRAR PAL’ CHIJETE: Encarar una situación despreocupadamente o en broma. Tomar a otro con poca seriedad.

AGARRAR PAL’ CHURRETE: Agarrar pal’ chijete.

AGARRAR PAL’ LAO DE LOS TOMATES: Entender un dicho o una situación por el lado equivocado. Buscarle un significado procaz a un dicho.

AGARRAR PA’ LA PACHANGA: Tomar las cosas con poca o ninguna seriedad.

AGARRARSE DE LAS MECHAS: Refiere a un violento enfrentamiento entre mujeres. / Pelea a golpes entre damas.

AGARRAR TORCIDO: Comprender equivocadamente lo que se le indica.

AGARRAR VIAJE: Aceptar una proposición. Dícese también del hombre o la mujer que sin muchos miramientos acepta una relación amorosa. "Fulanita agarra viaje con el primero que se le atraviesa..."

AGARRAR VIENTO EN LA CAMISETA: Envanecerse. / Entusiasmarse exageradamente.

A GATAS: Apenas.

AGUA COLONIA: Perfume de alta graduación alcohólica, aroma persistente y baja calidad.

AGUACHENTO: Vino demasiado liviano, posiblemente rebajado con agua por el expendedor. / Guiso o ensopado con mucho caldo.

AGUA QUE SE QUEMA EL RANCHO...!: Expresión festiva al probar una comida que resulta muy picante o salada.

AGUA SALUS: Marca de agua mineral gasificada, generalizada popularmente para identificar a las bebidas de este tipo, haciendo abstracción de otras denominaciones. "Don... me da una salus..." Y como respuesta el almacenero le entrega un agua mineralizada Salus o cualquier otra marca.

AGUA JANE: Solución de hipoclorito de sodio en agua utilizada para tareas de limpieza. Marca generalizada popularmente. "Deme una Jane..." y como respuesta, el proveedor puede entregar cualquier otro producto similar de distinta marca.

AGUANTA QUE NO ES PA’ TANTO: Suele decírsele a quien aparentemente exagera sobre una dolencia o una dificultad, o a quien aún sabiendo que el trance es duro, se pretende infundir ánimo para seguir soportándolo.

AGUANTA SI SOS MACHO: Intimación a no renunciar a un propósito o a soportar dificultades sin perder la fe.

AGUANTAR EL CHAPARRON: Enfrentarse a las dificultades sin renunciar. Asumir las consecuencias de algo que se hizo.

AGUANTAR LA VELA: Soportar a otro. Esperar por alguien indefinidamente. Hacerse de paciencia.

AGUANTARSE EN EL MOLDE: Contener posibles reacciones violentas. Hacerse de paciencia. Controlarse.

AGUANTAR LA PIOLA: Aguantarse en el molde.

AGUANTE: Resistencia. Durabilidad.

AGUANTE LA TACADA: En el juego de billar, aguantar la tacada del contrincante es saber esperar la oportunidad sin importunarlo. Popularmente el dicho refiere a soportar las cosas como se dan sin renunciar a seguir luchando por ellos.

AGUA VIVA: Medusas gelatinosas que suelen aparecer en las playas montevideanas y cuyo roce provoca a los bañistas cierto escozor en la piel.

¡AH CRISTO!: Expresión utilizada en señal de admiración o lástima. Una cosa o la otra se determina de acuerdo al tono de voz cuando se pronuncia.

AHOGARSE EN UN VASO DE AGUA: Atribularse. Dejarse vencer por las primeras dificultades. Confundirse.

¡AH TOLOLO...!: Expresa admiración por alguien. Suele utilizarse también con cierto tono burlesco ante alguien que incurre en una gran torpeza.