Marisa Malcuori, Montevideo, 9 de mayo de 1951. Licenciada en Letras con especialización en Lingüística (Universidad de la República). Profesora Adjunta del Departamento de Teoría del Lenguaje y Lingüística General del Instituto de Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Integrante del Grupo de Procesamiento de Lenguaje Natural del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. Académica correspondiente de la Real Academia Española.

 

 

Entre sus publicaciones se cuentan los siguientes libros: Gramática para maestros y profesores del Uruguay (con A. Di Tullio). Montevideo: ANEP- CODICEN, Programa de Lectura y Escritura en Español, 2012; Maternidad en prisión política. Uruguay 1970-1980 (con G. Jorge (coord.), N. Díaz, S. Fiori y G. Valdés). Montevideo: Trilce, 2010. Estudios de Lingüística Hispánica (con V. Bertolotti, S. Caviglia, S. Costa, M. Grassi y M. D. Muñoz). Cádiz: Universidad de Cádiz, 2007; El español en la Banda Oriental del siglo XVIII (con A. Elizaincín y V. Bertolotti). Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 1997; Tipología Textual (con S. Costa, comps.). Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y  Sociedad de Profesores de Español del Uruguay, 1997.

 

Fue recibida como Miembro de Número el 8 de mayo de 2014 por el Académico Adolfo Elizaincín.

Su discurso de ingreso que puede leerse más abajo se tituló  “Gramática: descripción y norma”.

 

(Dirección electrónica: marisamalcuori@gmail.com)

 

 

Elogio de Marisa Malcuori con motivo de su ingreso a la Academia Nacional de Letras

 

 

Como solemos decir en ocasiones como esta, estamos de fiesta cada vez que ingresa un nuevo miembro a la ANL. Y ello es así, por un lado, porque la propia institución demuestra que se renueva en cada una de estas oportunidades aportando a su capital cultural ya existente una nueva pieza en su estructura y funcionamiento; y, por otro, porque es de estricta justicia reconocer los méritos de personas que, como Marisa Malcuori, han aportado, y seguramente seguirán aportando tanto al mejor conocimiento de la lengua española. Por estas razones, y seguramente por tantas otras, nos congratulamos muy especialmente por el ingreso del día de hoy.

 

Conocí a Marisa Malcuori hace ya bastante tiempo, no importan las fechas exactas, pero sí el momento histórico: la vuelta a la democracia de nuestro país, luego de los años de la dictadura militar y de los infelices tiempos de la intervención de la Universidad de la República. Ella llegaba con una breve pero intensa trayectoria por los ámbitos estudiantiles en épocas oscuras y complejas para el país y, también, claro, para la Universidad. Había comenzado sus estudios en el IPA en la carrera de Literatura, no pudo terminarla, y ahora estaba pronta para reiniciar la vida estudiantil en la Facultad de Humanidades y Ciencias (por esa época en su local de la calle Tristán Narvaja, adonde había sido trasladada por la intervención desde su local inicial de la calle Cerrito 73, el ex Hotel de Inmigrantes).

 

Fui entonces su profesor, en varias asignaturas de la carrera de la Licenciatura en Lingüística. Desde el comienzo pude apreciar algunos aspectos de su personalidad que no han variado desde entonces: la curiosidad intelectual sobre todo en lo que se refería a cuestiones de la lengua, especialmente la española, y su constancia y firmeza en la presentación y defensa de sus argumentos, que se sumaba a una finísima intuición para los asuntos relacionados con los mecanismos gramaticales de las lenguas, especialmente, claro, el español. Este tipo de intuición, que capta al instante y que puede explicar verbalmente, sin ambigüedades, la filigrana de los sentidos materializados en las formas gramaticales, sus más sofisticadas diferencias y matices, solo existe en los gramáticos y lingüistas de gran talla. En todos aquellos que, independientemente de las teorías generales y de los métodos heurísticos, ven claro cómo las formas se adecuan a los intereses y necesidades comunicativas de los usuarios de las lenguas. Andrés Bello, Ignacio Bosque, por ejemplo, para hablar de gramáticos de nuestra lengua, entran en esa categoría.

 

Todo esto, tempranamente percibido por mí, contribuyó a crear un especial clima de diálogo e intercambio con ella. De este modo, de ahí en adelante, colaboramos en muchos proyectos y emprendimientos, publicaciones, cursos, cursillos, etc. De esta manera también se fue creando una amistad que, debo decirlo, mucho me honra.

 

La participación en la docencia universitaria comenzó, para ella, antes de su graduación como licenciado en lingüística, lo que sucedió en el año 1986. En 1985 comenzó su carrera docente como Ayudante del curso por entonces denominado Extensión de la lengua española, a cargo de la Prof.a Pedretti de Bolón. Luego, en 1989 obtiene interinamente un cargo de Asistente del Departamento de Lingüística, cuya efectividad logra, por concurso, en 1992. Posteriormente, y con desempeño hasta el día de hoy obtiene, también por concurso, el cargo de Profesor Adjunto del Departamento de Teoría del Lenguaje y Lingüística General con régimen de DT, lo que supone un nuevo concurso, en esta oportunidad de méritos. Su formación se ha completado y perfeccionado con becas cumplidas en el exterior, para estadías de investigación y estudio como las que realizó en la Universidad de las Palmas, Gran Canaria o en la Universidad de Paris VIIII en dos oportunidades.

 

Como dije antes, una de las condiciones académicas más importantes de Malcuori es su fina intuición frente a los fenómenos de la lengua. Pero, desde luego esa intuición no se agota solo en un inventario más o menos anecdótico de los matices expresivos de la lengua: por el contrario, ella ha logrado incorporar esa información provista por su sensibilidad e intuición en el marco coherente que le proporcionan las teorías gramaticales que ha estudiado tan tesoneramente y con tanta curiosidad a lo largo de todos estos años, desde la gramática clásica, la normativa, la estructural y funcional, el transformacionalismo en sus diferentes versiones, el cognitivismo y la pragmática, entre otras. Tampoco le es ajeno el contexto social en que la lengua, por definición, se desarrolla, transforma y vive, en una palabra. Y, fundamentalmente, su constante preocupación por la dimensión diacrónica o histórica de la lengua, como lo atestiguan sus publicaciones sobre el español de la Banda Oriental del siglo XVIII, véase solo como ejemplo, uno dedicado a la fonética y otro a la sintaxis de aquella época: “Aspectos fónicos del español en la Banda Oriental en el siglo XVIII”, o “'A cuio tiempo la dha mi muger': Notas sobre la sintaxis de la modificación nominal en la Banda Oriental del siglo XVIII” ambos del año 1997.

 

Con estos, (y otros trabajos) de ella y de otros investigadores se estaba fundamentando el inicio de los estudios históricos sobre el español en el país. Se trata (se trataba) de una urgencia notoria, de un déficit muy significativo de los estudios lingüísticos del país que los trabajos de Malcuori contribuyeron a superar. Hoy, los estudios diacrónicos florecen no solo en el país, sino en todo el mundo hispánico, y aun en el mundo en general, de la mano de teorías más comprensivas, y más sensibles a la verdadera naturaleza de la lengua comparadas con las más rígidas concepciones sobre el cambio lingüístico que precedieron a este florecimiento al que asistimos.

 

Otra parte muy importante de su obra, quizás la central, sea, precisamente aquella que se ocupa de cuestiones gramaticales de nuestra lengua. Reconociendo esa experiencia y saber acumulados, la ALFAL le solicitó que organizara y editara (conjuntamente con la Dra. Ángela Di Tullio) un volumen monográfico sobre el estado actual de los estudios gramaticales del español, volumen que se publicó el año pasado que muestra, precisamente, cuán avanzados está el conocimiento sobre el español en estos momentos.

 

Pero permítaseme ir al origen de la cuestión. Corría el lejano 1987 y una muy joven egresada de la carrera de Lingüística, Malcuori, junto con una compañera de estudios y amiga de siempre, Serrana Caviglia, decidieron presentar ante el VII Congreso de la ALFAL que se reuniría en Tucumán un trabajo sobre el uso funcionamiento del perfecto simple y del compuesto en el español montevideano. Era, quizás, me atrevo a asegurarlo, la primera vez que presentaban un trabajo en un foro de esas dimensiones y puedo imaginarme también todo el nerviosismo previo al esperado y temido momento de la lectura del trabajo. Por cierto el mundo siguió andando después de ese momento, para alegría de todos, pero Malcuori había recibido, digamos, su bautismo de fuego que le permitió ingresar en la comunidad académica de su interés.

 

Más allá de esta anécdota (que seguramente despierta recuerdos similares de experiencias parecidas en muchos de nosotros) está el interés de haber planteado ese tema. Por aquella época por cierto que había gramáticos que se habían ocupado del tema pero a mi entender nadie aun, en el mundo hispánico lo había observado con la precisión con que se describió y explicó en ese trabajo. Mucho, mucho después vendrían aportes de otros estudiosos (los de Moreno de Alba, por ejemplo) que profundizaron en la idea de la complementariedad de ambas formas, sobre todo en su dimensión contrastiva con el uso que de estas formas se hace en el español peninsular (tampoco en esto, por cierto hay uniformidad de uso en toda América). Mayor aporte además, a la teoría funcionalista que observa las relaciones, no fijas, sino extremadamente cambiantes y frágiles, entre las formas y las funciones, lo que a la postre justifica los cambios en una lengua. Y luego, claro, se fueron sucediendo otros trabajos gramaticales que, en un determinado momento se asocian a otros dos aspectos también fundamentales del estudio de la lengua: su dimensión educativa, por un lado, y su posibilidad de tratamiento informático, por otro.

 

Con respecto a la primera cuestión, es decir, gramática y enseñanza, Malcuori siempre fue una apasionada defensora de la necesidad del estudio gramatical de la lengua nativa del estudiante. Considera, como muchos, a la gramática como una instancia especialmente formativa de altísimo interés en el proceso educativo de los jóvenes que colabora en forma eficiente en la construcción de ciudadanías responsables, por cuento pueden comprender y expresar en forma cómoda y sin tropiezos sus necesidades, derechos, obligaciones en el seno de la vida comunitaria.

 

La preocupación por la enseñanza de la lengua culmina en su reciente libro (en colaboración con Ángerla Di Tullio) Gramática del español para maestros y profesores del Uruguay, 2012, 443 pp. Originado en el programa Prolee del CODICEN, su enfoque didáctico es evidente ya desde el título, es decir se trata de un texto en el que maestros y profesores encontrarán explicaciones para la mayor parte de los problemas gramaticales que han tenido que explicar y aun para muchos más que ni siquiera se han imaginado.

 

Pero más allá de ello, el libro es una de las más actualizadas gramáticas del español contemporáneo, sin lugar a dudas el más completo texto de teoría gramatical jamás escrito en nuestro país, y hasta probablemente en América Latina. La necesidad del enfoque propedéutico obligó a hacer una revisión general de la gramática de la lengua la que se explica en términos accesibles, pero rigurosos. No se trata de divulgación general y apresurada de los temas gramaticales que se tratan; por el contrario es una razonada reflexión, y una segura práctica de investigación de esos temas que se presentan en un lenguaje sencillo, ameno, accesible sin duda al público objetivo de la publicación.

 

El libro muestra sin duda la prolongada experiencia de sus autoras con los temas tratados, su familiaridad con las teorías gramaticales y la obra de los principales gramáticos de la lengua y, sobre todo, su naturalidad en la presentación de las mismas. El texto no se ciñe a una forma de hacer gramática sino que toma lo mejor de todas las obras que le sirven de inspiración. Por cierto que en un lugar privilegiado en esos antecedentes, está la obra de Ignacio Bosque y, sobre todo, su monumental Nueva gramática de la lengua española de 2009. Como se sabe luego de esta fecha, ya no es posible sustraerse al influjo y la referencia que inevitablemente se asocian a esta obra magna de la lingüística hispánica contemporánea.

 

El primer capítulo de ese libro, “La gramática y la enseñanza de la lengua” es toda una definición y una postura de las autoras sobre el complejo asunto, tan debatido, de la enseñanza de la lengua en los sistemas escolares. En forma respetuosa, pero firme, con una precisión y una sutiliza admirables, Malcuori y Di Tullio vuelven a centrar (por fin!) la verdadera naturaleza del problema, tantas veces en estos últimos tiempos confundido por falsas seudoaplicaciones de teorías inaplicables a este ámbito, por improvisaciones temerarias, por visiones superficiales y puerilizantes de asuntos de tremenda importancia y en el ámbito de la disciplina.

 

El hecho de que, hacia el final de ese capítulo, se diga, resumiendo lo expresado en páginas anteriores que, por ejemplo, “parte del significado” es toda una definición al respecto, tal como lo había anotado antes al mencionar las relaciones entre las funciones y las formas que las materializan. Las explicaciones formales, la ejemplificación abundante y los así llamados “experimentos gramaticales” son otras de las características de este libro excepcional en la bibliografía nacional.

 

Este interés por la parte formal de las gramáticas la llevó a participar activamente en proyectos en conjunto de la Facultad de Humanidades con la Facultad de Ingeniería en cuyo Instituto de Computación colaboró con el Grupo de Procesamiento del Lenguaje Natural y del que salieron múltiples publicaciones, comunicaciones a congresos y cursos de nivel posgrado en la Facultad de Ingeniería y en la de Humanidades.

 

Otro aspecto relacionado con su preocupación por la enseñanza de la lengua se manifiesta en la publicación de materiales para la enseñanza universitaria, como los dedicados a la gramática textual, de gran éxito aun fuera de las aulas, y a la lingüística chomskiana, como el programa minimalista, para poner dos ejemplos.

 

Bien, hasta aquí la lingüista y filóloga Marisa Malcuori. Permítaseme, para terminar incursionar brevemente en un aspecto no diría reservado, pero si mantenido al abrigo de la publicidad y del posible uso espurio de sus extremos más conflictivos.

 

En la bibliografía de Malcuori, destaca, entre tantos trabajos dedicados a la lengua española, un texto colectivo denominado Maternidad en prisión política. Uruguay 1970-1980 en colaboración con G. Jorge, N. Díaz, S. Fiori y G. Valdés, volumen ganador de un premio anual del MEC en la categoría Historia, biografía y temas afines. Que une a estas cinco mujeres? Pues el hecho de haber dado a luz en prisión. En efecto, en 1972, siendo estudiante del IPA, por razones políticas, Malcuori (y su esposo Carlos “Carlitos” Solé) fue detenida y mantenida en prisión hasta 1976. Por esa época, estaba embarazada de Micaela, Micaela Solé Malcuori quien nació en aquellos duros tiempos que afortunadamente parecen ya de un pasado bastante lejano. Como consecuencia de este episodio, no pudo volver a los estudios interrumpidos en el IPA, por lo que los continuó en la Facultad de Humanidades.

 

Tengo el honor, y el placer de presentar, entonces a Marisa Malcuori quien leerá su discurso de ingreso a esta academia con el título “Gramática: descripción y norma”

 

 

Adolfo Elizaincín

Montevideo, 8 de mayo de 2014

 

 

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GRAMÁTICA: DESCRIPCIÓN Y NORMA

(Discurso de ingreso a la Academia)

 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Letras,
Señores Académicos,
Señoras y Señores, amigos y familiares

 

 

Con verdadera emoción quiero expresar mi gratitud a la Academia Nacional de Letras por el honor de haberme elegido como miembro de número para colaborar en sus tareas.

Asimismo, agradezco las muy elogiosas palabras con que me ha recibido el Dr. Elizaincín, Presidente de esta corporación. Con él me une un vínculo profesional y afectivo forjado a lo largo de muchos años. Fue mi maestro en la Facultad de Humanidades y sus clases, en aquellos tiempos muy duros, significaron para mí un espacio de libertad, por lo cual también, y muy especialmente, hoy y aquí, le digo gracias.

El sillón que ocupo lleva el nombre de Francisco Bauzá, riguroso intelectual que fue poeta, ensayista e historiador. En este sillón inició, nada menos que Juana de Ibarbourou, una línea de mujeres académicas; las tres últimas, destacadas por su labor  en el campo de la docencia y, en particular, de la enseñanza de la lengua española. Tuve la oportunidad de trabajar durante un breve lapso con Alma Hospitalé, quien me precedió y es hoy académica emérita, cuando ella ocupaba la presidencia de la Comisión de Gramática de esta Academia. Precisamente para colaborar con esa comisión es que fui convocada y comenzó mi vínculo con la institución. Se realizaba en ese momento la revisión crítica, capítulo por capítulo, de la Nueva gramática de la lengua española. Recuerdo la cordialidad con que fui acogida y el entusiasmo con que emprendíamos cada tarde la lectura de esa obra monumental en aquella sala amplia y silenciosa con su balcón al sur. En realidad, cumplí la mayor parte del tiempo en que se desarrolló esta labor, bajo la guía de otra Académica, hoy lamentablemente fallecida, que pasó a desempeñar la presidencia de la Comisión. Me refiero a Carolina Escudero. No quiero dejar pasar este momento sin recordarla como alguien que, sin la frivolidad de las urgencias tan propias de estas épocas y con una curiosidad infatigable, perseveraba en la aventura del conocimiento en ese campo áspero y engorroso para muchos, pero apasionante para nosotras: la gramática.

 

Y, naturalmente, de gramática es de lo que elegí hablar hoy, atendiendo especialmente a las relaciones entre descripción y norma.

Cuando uno menciona que su campo de trabajo es la gramática, por lo general, suele suscitar en su interlocutor sentimientos de prevención que se revelan en expresiones tales como “¡Ah! entonces tengo que cuidarme de lo que digo” o alentar preguntas referidas a la existencia de algunas palabras o a la autorización o no para el uso de ciertas construcciones. La imagen de la gramática que revelan estas actitudes es la de un conjunto de normas del buen decir al cuidado de aquellos que se dedican a ella. Ciertamente es razonable que una persona no interiorizada especialmente en los asuntos lingüísticos requiera de la gramática pautas de corrección, normas, porque así es como deben entenderse las preguntas sobre la existencia o la autorización del uso de una expresión. También es razonable que las respuestas que reciba contengan algún “si bien”, “aunque” o “sin embargo” que maticen los juicios requeridos, ponderando análisis y alternativas de distintos tipos que intentan describir y comprender los comportamientos lingüísticos antes que regularlos.

Estos dos componentes, la descripción, es decir, la presentación y el análisis del funcionamiento de las diferentes unidades gramaticales, y la norma, los usos que se consideran correctos en la lengua culta, han estado siempre presentes en las obras de análisis gramatical, llamadas precisamente gramáticas, de la institución que la comunidad hispanohablante ha reconocido tradicionalmente como fuente de autoridad, a saber, la Real Academia Española y, actualmente, también la Asociación de Academias de la Lengua Española. Ahora bien, descripción y normatividad no siempre han estado presentes de la misma manera ni en la misma medida.

Entre la definición de gramática como “el arte de hablar bien” que aparece en la primera obra de estas características editada por la Real Academia Española en 1771 y mantenida con ligeras variantes (“arte de hablar y escribir correctamente”) en todas sus reediciones hasta 1931, y la definición que dice “la gramática es la parte de la lingüística que estudia la estructura de las palabras, las formas en que estas se enlazan y los significados a los que tales combinaciones dan lugar”, que se lee en la Nueva Gramática de la lengua española, publicada en 2009 por la Real Academia Española y la Asociación de Academias, fue necesario el surgimiento y el desarrollo de la lingüística como ciencia.

De la definición de la gramática como arte, en el sentido actualmente menos frecuente de esta palabra como actividad humana que exige ciertos conocimientos técnicos y que está encaminada a un resultado práctico, se sigue que la finalidad de esta disciplina es enseñar y prescribir: enseñar el conjunto de reglas y preceptos necesarios para obtener el resultado práctico que es hablar y escribir correctamente. Ahora bien, la forma en que se llevaban a cabo estos propósitos en las primeras obras académicas era, aunque pueda resultar paradójico, casi exclusivamente describiendo. En efecto, encontramos muy pocas advertencias y consejos explícitos sobre lo que debe o no debe decirse, si se exceptúa, tal como señala muy acertadamente el lingüista español Julio Borrego[1], el peculiar capítulo De los vicios de dicción que aparece en la edición de 1880 y se mantiene hasta 1931. Ese capítulo interrumpe el tono general de las obras, tanto por la heterogeneidad de sus contenidos, que van desde lo ortográfico hasta lo estilístico, como por su estilo, áspero e intransigente. El resultado prescriptivo no se logra en estas gramáticas, repito, oponiendo variantes alternativas y eligiendo una, sino que se obtiene de la propia lengua que se describe, que es la lengua utilizada por la corte, las personas doctas, los escritores considerados como autoridades. Este modelo de lengua, tal como diríamos hoy, por el solo hecho de estar descrito en los textos de la autoridad codificadora quedaba sancionado como la lengua modelo que era necesario imitar para hablar y escribir con corrección. El esfuerzo descriptivo respondía, entonces, tanto a la intención didáctica, enseñar gramática, como a la estandarizadora.

 

La caracterización de la gramática que aparece en la obra de 2009, el enfoque y el contenido resultante reflejan el avance sin precedentes en el conocimiento de la naturaleza y estructura de las lenguas que tuvo lugar a partir del siglo XX. Como es sabido, la lingüística constituye hoy un amplio campo de investigación con múltiples disciplinas, diferentes teorías y modelos de análisis que abordan el lenguaje y las lenguas desde distintos ángulos y, en particular, la investigación gramatical contemporánea analiza, en una amplísima bibliografía, de manera minuciosa, las distintas unidades y construcciones, al mismo tiempo que debate sobre su interpretación y caracterización. A la luz de este desarrollo, hoy nadie duda en considerar que la variación diacrónica, geográfica, social, estilística es un atributo inherente a las lenguas y que los juicios sobre las distintas palabras y construcciones deben apoyarse en la valoración que de ellas realizan las comunidades que las utilizan.

La Nueva Gramática de la lengua española no solo se distingue de las versiones anteriores por asumir la perspectiva científica en la profundidad de la descripción, sino por ocuparse detalladamente de la variación en sus distintas dimensiones, en particular de la dimensión geográfica cuando incorpora las variedades del español de América. Pero, a la vez que descriptiva, es también una gramática normativa. En ella se privilegia la norma culta, “culta” en el sentido etimológico de “cultivada”, como la define I. Bosque[2],  cultivada por medio de la educación, y se reconoce que, a pesar del alto grado de cohesión que presenta la lengua española, existen distintos estándares, o variedades modélicas, en relación con los diferentes países o regiones en los que se habla. Efectivamente, la norma hispánica posee diversos centros de irradiación con sus rasgos característicos, unos en el Río de la Plata, otros en México, en el Caribe o en el español europeo, por nombrar solo algunos. Estas variedades no constituyen desviaciones de una norma única y central, sino que son desarrollos históricos particulares que dieron como resultado una realidad lingüística policéntrica.

A diferencia de las versiones anteriores, en la Nueva gramática de la lengua española la prescripción se realiza de forma explícita ya que se indica con claridad tanto en qué ámbitos (periodístico, científico), registros (coloquial, formal), modos de comunicación (oral, escrito) se usan ciertas expresiones así como la valoración social de que son objeto. Si antes lo descrito resultaba norma, en esta obra  la norma es tratada como una variable de la descripción.

Toda obra es hija de su tiempo y unas eran las condiciones políticas y culturales de producción que estaban detrás del lema de la Real Academia Española “fija, limpia y da esplendor” y otras, las que sostienen la expresión “unidad en la diversidad” que aparece en las obras académicas más recientes que se declaran panhispánicas en una realidad idiomática policéntrica.

 

El prolongado y complejo proceso de estandarización del castellano se remonta a Alfonso el Sabio, siglo XIII, y la primera gramática fue escrita por Nebrija a fines del siglo XV. Pero el proceso de codificación institucionalizada comienza con la creación de la Real Academia en 1713. Esta codificación, entendida como garantía de la pureza y unidad del idioma, que limpiaba y fijaba, tenía lógicamente carácter monocéntrico en tanto que único referente para todos los hablantes del reino. El vasto territorio colonial “no era una magnitud relevante en el contexto de los esfuerzos codificadores”, como señala el lingüista peruano, recientemente fallecido, José Luis Rivarola[3]. Este carácter monocéntrico, que prevaleció durante casi tres siglos, relegó las variedades americanas al lugar de la irregularidad, del “vicio”, del barbarismo, o luego más condescendientemente, al de los regionalismos, al de lo pintoresco, al de la periferia.

Hoy en día, como dije, la política de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias no pone en duda el carácter policéntrico del español, resultado de los procesos de independencia, que permitieron conformar y legitimar diversas variedades lingüísticas en los distintos países. Así lo manifiestan en todas sus obras más recientes elaboradas conjuntamente, como es el caso del Diccionario panhispánico de dudas de 2005, de La Nueva gramática de la lengua española de 2009, de la Ortografía de la lengua española de 2010. Se señala en el Diccionario panhispánico de dudas que el español por su carácter de lengua supranacional, hablada en más de veinte países, “constituye en realidad un conjunto de normas diversas, que comparten, no obstante, una amplia base común”[4] y en la  Nueva gramática de la lengua española se asume también el principio de que “la norma tiene hoy carácter policéntrico. La muy notable cohesión lingüística del español es compatible con el hecho de que la valoración social de algunas construcciones pueda no coincidir en áreas lingüísticas diferentes. No es posible presentar el español de un país o de una comunidad como modelo panhispánico de lengua”[5]. La “amplia base común” y “la muy notable cohesión” aluden al ideal de norma panhispánica que acompaña la aceptación del pluricentrismo. De acuerdo con Diccionario panhispánico de dudas, el ideal panhispánico está representado por la “expresión culta de nivel formal” que constituye lo que denomina “el español estándar”. Sin embargo, los conceptos de pluricentrismo y panhispanismo mantienen, puede decirse, una relación conflictiva. Como se ha señalado apropiadamente[6], el panhispanismo limita, aunque no se quiera, la validez del policentrismo. Esto es así porque una codificación policéntrica debe necesariamente admitir soluciones alternativas para diversos fenómenos lingüisticos, ya que hay algunos que son estándares en todo el ámbito hispánico; otros, solo en América; otros, solo en ciertas regiones; otros, particulares de una nación. De esta forma, no todas las soluciones consideradas como  estándares en un dominio concreto pueden ser consideradas como panhispánicas o propias de la norma culta del español general y ello afecta los juicios normativos. Por otra parte, de acuerdo nuevamente con José Luis Rivarola[7], no es parejo el conocimiento sobre los diferentes estándares ni la valoración que de ellos pueda tenerse en virtud de su prestigio histórico, de su influencia, del número de sus hablantes, de su poder económico y político y, podría agregarse, de su difusión en los medios de comunicación.

Queda, entonces, mucho camino por recorrer, como veremos, si vamos más allá de las intenciones expresadas en los prólogos y echamos una mirada a algunas soluciones propuestas en el Diccionario Panhispánico de Dudas y en la Nueva gramática de la lengua española. Es importante tener en cuenta que el Diccionario Panhispánico es una obra normativa, su objetivo es dar respuestas, bajo la forma de recomendaciones de uso, sobre cuestiones ortográficas, morfológicas, sintácticas, léxicas, y que la Nueva gramática tiene carácter tanto normativo como descriptivo. 

Como es sabido, los aspectos léxicos (en América decimos “papas” y en España, “patatas”; en Chile, “al tiro” y en el Río de la Plata, “al toque”) y los fónicos (las formas de pronunciar los sonidos, la entonación) son los más notorios en la percepción de cualquier hablante para distinguir la variación en cualquiera de sus dimensiones. Por el contrario, la variación en relación con los fenómenos gramaticales puede resultar menos evidente y, en algunos casos, hasta pasar inadvertida. Es sobre el tratamiento de algunos  fenómenos gramaticales en ambas obras que quiero reparar.

En primer lugar, me detendré en la presentación de dos fenómenos que se ubican en el campo de las formas de tratamiento y son, por un lado, el voseo y, por otro, el empleo de los pronombres correspondientes a la segunda persona del plural.

Recordemos que se entiende por voseo el uso del pronombre vos así como  el empleo de las desinencias correspondientes en la flexión verbal (cantás, temés, partís) en el trato de confianza dirigido a un solo interlocutor. Se trata de un fenómeno muy complejo, documentado ampliamente en América, donde existen varios tipos de voseo para cuya clasificación se distingue entre voseo pronominal y flexivo. Combinadas estas dos informaciones, dan como resultado tipos como: vos tenéi(s), vos tenés, vos tenís, tú tenés, tú tenís, vos tienes. El tipo vos tenéi(s) se utiliza en la zona colla de Bolivia, se registra también en algunas regiones de Venezuela y de Panamá; vos tenés se usa en Argentina, Paraguay, Uruguay, algunas zonas de Bolivia y todo Centroamérica con exclusión de Panamá; tenés, en Uruguay (aunque no solo) en alternancia con vos tenés; tenís, es característico de Chile, pero también se utiliza en la zona colla de Bolivia y en algunas  partes de Perú, alterna con vos tenís y el tipo vos tienes, se registra en Santiago del Estero.

Aumenta la complejidad del voseo el hecho de que está sometido a diferente estimación social en los distintos países o regiones donde se emplea. En el Río de la Plata, así como también en Costa Rica, Nicaragua y otras regiones, pese a haber sido combatido o, al menos, ignorado por la enseñanza (de esto último Uruguay es un  buen ejemplo) está generalizado en el tratamiento de confianza y pertenece a la norma culta. El voseo es, entonces, un fenómeno estándar solo en algunas regiones, con el tipo vos tenés (en Uruguay en alternancia contenés).

Detengámonos ahora en el uso de los pronombres vosotros y ustedes, con sus respectivas variantes flexivas (cantáis, cantan). Mientras que en toda América se utiliza ustedes para la segunda persona del plural en todas las situaciones comunicativas, en España (salvo en algunas regiones de Andalucía y Canarias) se distingue entre el trato de confianza y el más distante o de cortesía, usando vosotros para el de confianza y ustedes para el más distante. El uso de vosotros, por lo tanto, pertenece al estándar de una nación.

Si observamos la presentación de los modelos de conjugación en el Diccionario Panhispánico de Dudas[8] vemos que las formas estándares del voseo aparecen entre paréntesis junto a las formas no voseantes. Esta sería una solución razonable si las de la segunda persona del plural que se corresponden con vosotros tuvieran el mismo tratamiento, es decir, aparecieran entre paréntesis junto a las formas que se corresponden con el pronombre ustedes. Como acabamos de decir, ni las formas verbales voseantes ni las que concuerdan con el pronombre vosotros son estándares en todo el ámbito hispánico. Sin embargo, el Diccionario Panhispánico de Dudas no procede así. Las formas que concuerdan con el pronombre vosotros, propias solo del español peninsular, son las únicas representantes de la segunda persona del plural en todos los paradigmas. Lo mismo sucede con las formas del modo imperativo. Una solución que parece responder a un reflejo monocéntrico.

Más acordes con una codificación policéntrica son los modelos de conjugación que aparecen en Nueva gramática de la lengua española[9] y también los que ofrece el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española en su versión en línea, los cuales reflejan con barras o con otros recursos gráficos las alternancias entre las diferentes formas de los usos estándares.

En segundo lugar, quiero reparar en un fenómeno bastante menos evidente para el hablante común, no familiarizado con los análisis sintácticos. Para dar énfasis o destacar algún segmento en el interior de un mensaje, se pueden utilizar, entre otras, ciertas  construcciones gramaticales llamadas “copulativas enfáticas” y decir: Fue por eso por lo que no vino o Fue por eso que no vino. Simplificando al máximo su descripción para concentrarnos en la codificación de la norma, digamos que en ambas construcciones aparece un segmento resaltado (por eso) el verbo ser y una oración subordinada. Las del segundo tipo fueron bautizadas de “que galicado” por Rufino José Cuervo[10] por considerarlas un calco del francés, nombre que ya implica  la condena normativa de que han sido objeto. Andrés Bello las censuró tildándolas de “crudos galicismos, con que se saborean algunos escritores sur-americanos” (§ 812)[11].

El Diccionario Panhispánico de Dudas, en el numeral 1.5 de la entrada correspondiente a la forma que, hace referencia a estas construcciones. Dice que las oraciones enfáticas de relativo con que galicado son frecuentes en América y entre hablantes catalanes, pero que “la construcción considerada más correcta exige, en estos casos, repetir la preposición ante el relativo y que este lleve artículo”. Aconseja, entonces, utilizar una expresión como Fue contra la injusticia contra lo que se rebeló antes que Fue contra la injusticia que se rebeló. Asimismo advierte que si el segmento resaltado es un adverbio de lugar, de tiempo o de modo, se debe encabezar la subordinada con el adverbio relativo correspondiente, por lo tanto recomienda como preferible Fue entonces cuando lo noté, en vez de Fue entonces que lo noté.

La Nueva gramática de la lengua española (§ 40.10) analiza estas construcciones como dos tipos diferentes de copulativas enfáticas, al primer tipo lo denomina “copulativas enfáticas de relativo” y al segundo “copulativas enfáticas de que galicado”, conservando el nombre tradicional, pero aclarando que no es del todo ajustado ya que este tipo de construcciones aparecen como formas correctas generalizadas no solo en francés, sino en italiano, catalán, portugués y también en inglés, alemán, danés o noruego. Señala que los análisis más recientes se inclinan por no considerar como relativo la partícula que encabeza la subordinada de las copulativas enfáticas de que galicado y que “estas construcciones están presentes en todas las áreas del español, aunque son especialmente frecuentes en el de América”. Efectivamente, así lo muestran los ejemplos que ofrece tomados de Unamuno, García Márquez, Cabrera Infante, Borges, Benedetti, entre otros autores.

Frente a esta construcción gramatical, sin duda estándar en la mayor parte de las regiones donde se habla español, la Nueva gramática de la lengua española, y no así el Diccionario Panhispánico, adopta una postura acorde con una codificación policéntrica. Tanto los escritores prestigiosos como todos los hablantes americanos, desde el Caribe hasta el Río de la Plata, nos valemos de ella y por eso decimos con ritmo de salsa Así fue que yo pude ver / las ingratitudes de esa mujer o de tango Fue a conciencia pura que perdí tu amor.

Por último, me interesa comparar los juicios normativos de ambas obras a propósito de dos construcciones: la secuencia de las preposiciones a por y la combinación de un adverbio de lugar con un posesivo del tipo cerca nuestro, arriba mío, encima tuyo, detrás suyo.

Con respecto a la primera, tanto el Diccionario Panhispánico como la Nueva gramática de la lengua española señalan que la combinación de estas preposiciones con verbos de movimiento (por ejemplo: ir a por agua) es sentida como anómala en América, pero utilizada en España. La Nueva gramática de la lengua española no realiza ninguna valoración normativa, simplemente la califica como característica del país donde se utiliza. El Diccionario Panhispánico, si bien dice que en la norma culta española goza de preferencia el empleo de por antes que de a por, entiende que no hay razones para censurar esta última, ya que en la lengua existen otras secuencias preposicionales perfectamente normales y ofrece una explicación de la secuencia en cuestión por el cruce de dos estructuras.

Distinto es el juicio normativo de ambas obras con respecto a la combinación de adverbio más posesivo.

El Diccionario Panhispánico es terminante, la censura con bolaspa, signo que utiliza para indicar las formas o construcciones que considera incorrectas o desaconsejables por no pertenecer a la norma culta. Así, sanciona que debe decirse cerca de mí y no cerca mío, ya que “por su condición de adverbio, no se considera correcto su empleo con posesivos”, juicio que repite con cada uno de los adverbios que entran en esta construcción.

En la Nueva gramática el análisis es bastante diferente. Por un lado, se explican las razones gramaticales de la combinatoria de adverbio más posesivo. En cuanto a los adverbios que aparecen en ella, se dice que contienen un rasgo nominal que se pone de manifiesto también en otros contextos, por ejemplo, pueden ser términos de preposición (como en la expresión por encima del muro). Con respecto a los posesivos, se observa que poseen propiedades de pronombres personales que  se revelan en otras construcciones en las cuales pueden alternar con estos, se dice a su alrededor / alrededor suyo / alrededor de ella o también su testimonio / el testimonio de él. De hecho, considero oportuno señalar que la extensión del uso de los posesivos al ámbito de los complementos del verbo en construcciones como gusta mío o están hablando tuyo, un cambio en proceso en nuestro país que naturalmente no ha pasado a la norma culta[12], confirma que estos elementos “(…) pueden interpretarse como pronombres personales con marcas inherentes de caso” tal como se expresa en la Nueva gramática de la lengua española (§ 18.2.c).

Por otro lado, se dice que la forma [adverbio + de + pronombre personal] “pertenece a la lengua común de todas las áreas lingüísticas” y por eso se prefiere frente a la otra que es “percibida como no recomendable por la mayoría de los hablantes cultos de muchos países” (§ 18.4n). Sin embargo, se aclara que la pauta [adverbio + posesivo tónico masculino] se ha ido extendiendo en diferente medida según las zonas y en el área rioplatense aparece “en proporción mayor en todos los niveles de lengua” (§ 18.4ñ).  Confirmando esta apreciación, por ejemplo, en la novela Maluco, de Napoleón Baccino, se lee: “Detrás suyo, Gaspar de Quesada el Hermoso lleva las piernas forradas en hierro y, bajo los arreos de las armas, el torso desnudo”. En la Nueva Gramática de la lengua española la construcción se ilustra con testimonios de prestigiosos autores rioplatenses como Güiraldes, Cortázar, Tomás Eloy Martínez, Benedetti, Onetti, Manuel Puig. También se citan escritores consagrados, como es el caso de Vargas Llosa, Cabrera Infante y otros, para ilustrar el uso de esta pauta en otras áreas lingüísticas en las que también se registra, aunque en proporción menor. Todos ellos ofician, sin duda, como autoridades.

Nuevamente el proceder de la Nueva Gramática de la lengua española se ajusta de manera más apropiada al proclamado carácter policéntrico del español de ambas obras, aunque cabe señalar que las recomendaciones normativas en una realidad con diversos estándares deberían atenerse únicamente a las valoraciones de que son objeto los fenómenos en el espacio donde  funcionan.

Valgan los ejemplos considerados como muestra de que el camino iniciado por la Real Academia Española y la Asociación de Academias con el cambio de orientación en la codificación institucional del español no es sencillo. Creo que de las dos obras consideradas es la Nueva Gramática de la lengua española la que verdaderamente lo ha emprendido. La larga tradición monocéntrica, el fantasma de la ruptura de la unidad de la lengua, las viejas censuras sobre ciertos usos, pesan sin duda en muchos de los juicios del Diccionario Panhispánico de Dudas. 

Si como sostiene I. Bosque[13], el fundamento de la prescripción de la norma es la descripción del uso, los lingüistas, con más razón los que  participamos de la labor de las academias, debemos comprometernos a realizar buenas descripciones de los diversos fenómenos que caracterizan nuestras variedades y de la valoración social de que son objeto por parte de los hablantes.

“Dentro de la comunidad del idioma”, dice Borges[14], “el deber de cada uno es dar con su voz” y, me permito agregar, hacerla oír.

 

Muchas gracias

 

 

 



[1] Julio Borrego Nieto (2008) “La norma en las gramáticas de la Real Academia Española” en Lingüística Española Actual, XXX/1, pp. 5-36.

 

[2] Ignacio Bosque (2011) “El concepto de `norma lingüística’ y la tarea de las academias”, en ‘Tribuna Abierta’ de Actualidad Jurídica 28, pp- 7-12.

 

[3] José Luis Rivarola (2006) “El español en el siglo XXI: los desafíos del pluricentrismo” en Boletín Hispánico Helvético, vol.8, pp. 97-109.

 

[4] p. XIV

 

[5] p. XLII 

 

[6] Elena Méndez García (2012) “Los retos de la codificación normativa del español:Cómo conciliar los conceptos de español  pluricéntrico y español panhispánico” en Lebsanft, F., W. Mihatsch y C. Polzin-Haumann (eds.) El español, ¿desde la variedades a la lengua policéntrica?, Madrid / Franckfurt:  Iberoamericana-Vervuert.

 

[7] Op. cit.

 

[8] Apéndice 1, Modelos de conjugación verbal

 

[9] pp-253 y ss.

 

[10] Rufino José Cuervo  Aportaciones críticas sobre el lenguaje bogotano con frecuente referencia al de los países de Hispano-América (1867-1872), 9ª edición corregida, Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1995.

 

[11] Andrés Bello, A. (1847) Gramática de la lengua castellana, edición de Niceto Alcalá-Zamora y Torres, Buenos Aires: Sopena, 1960.

 

[12] Cf.  Bertolotti, V. (2013) “Sincretismo y estrategias gramaticales. Cambios lingüísticos en el español rioplatense” (en prensa)

 

[13] Op.cit.

 

[14] Op.cit.